Y se va otro pedazo de país

Alberto Melgarejo

Y se va para otros países a dos puntas con un inevitable resultado: Batlle y Bensión SA de irresponsabilidad limitada, está por cerrar las puertas del Textil y del Azúcar.

Negocio redondo para los importadores (habría que ver quiénes son). El argumento que usan es lineal y sencillo: en el exterior se produce más barato que acá. Pero lo que no dicen es que ambas industrias están subvencionadas por los gobiernos extranjeros sea, por devoluciones, por apoyos previos y, fundamentalmente, por salarios menores aún que al de hambre en el sudeste asiático en el textil: 1 dólar por día o, más claro, 12 pesos uruguayos por día.

Sobre el hambre de otros seres humanos, se cierne el hambre sobre miles de trabajadores y sus familias en el Uruguay. Hambre allá, hambre acá, ese es el destino que los Batlles y Bensiones de todo el mundo, convencidos y obedientes, de que toda cosa se resuelve en el mercado.

El gobierno habla de que hay que ser competitivos y que la producción nacional es cara y por tanto no es competitiva. Que, porque lo sea, habría que ayudarla y el gobierno no está dispuesto a hacerlo.

Quince mil trabajadores textiles ya hemos perdido nuestras fuentes de trabajo que se han transformado en cementerios de máquinas; quince mil personas en Bella Unión están por perder el medio de vida existente. Será otro pueblo fantasma con que se está regando el Uruguay.

Parece ser que de nada vale que, tanto trabajadores como empresarios, hayan planteado salidas alternativas con bases técnicas y políticas para preservar la industria nacional, rige para todo la «modernidad» planteada por el «liberal» Batlle y el «neoliberal» Bensión (que al fin y a la postre es lo mismo) donde se resume que la «modernidad» es ser alcahuetes de las transnacionales, del capital financiero internacional, de los negocios de los amigos y de la forja de los propios.

La lógica deducción entonces es que: sólo los gobernantes que no están al servicio de sus pueblos dejan de proteger al sector que produce la riqueza genuina.

Desde la dictadura hasta hoy, o, si se quiere mejor aún, desde la firma de la primera Carta de Intención con el FMI en 1959, el tema no pasa fundamentalmente por los números, sino que pasa por una visión ideológica, política y cultural de un «país» determinado para el cual el imperio legalizado de hecho, EEUU las transnacionales y el capital financiero impulsaron la dictadura en Uruguay y en toda América Latina.

Hay que mirar lejos y recordar, porque recordar es fundamentalmente, aprender, si sabemos sintetizar la historia de lo que la mayoría de los gobernantes han venido haciendo desde aquella época.

Recordar, es tener la posibilidad de saber cómo nos han mentido a los trabajadores y al pueblo en su conjunto. Recordar es tener la posibilidad de saber por qué vivimos como vivimos, por qué el Uruguay está como está y estará con los anuncios políticos y económicos que se lanzan desde el gobierno.

Recordar es también, la posibilidad de los trabajadores de definir caminos de lucha no sólo en el marco de la organización sindical, sino también como ciudadanos en la lucha política a la hora de elegir los gobernantes.

Recordar y compartir los recuerdos, es preparar las nuevas generaciones para que no se desarrollen en la alienación de un sistema que nos está planteando, que a la historia no hay que intencionarla ni siquiera con las más nobles preocupaciones sociales, sino que, la historia, es el resultado del que hacer de la humanidad ante el Dios mercado.

*Alberto Melgarejo – Integrante del Secretariado Ejecutivo del COT

 

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