Se preparan nuevas medidas neoliberales:

¿Se apuesta a desgastar el plebiscito?

Diversos comentarios y trascendidos periodísticos apuntan a señalar que el gobierno del Dr. Jorge Batlle se propone imprimirle un ritmo aun más intenso al proceso de reformas de matriz neoliberal.

Mientras que para el partido de la oposición tanto las leyes de Urgencia como el contenido del Presupuesto Nacional constituyen una especie de «sobredosis» normativa en la dirección del liberalismo económico, para el gobierno, según esos trascendidos, el año 2000 habría sido algo así como un período de precalentamiento.

El año próximo sería una instancia de radicalización de las acciones de gobierno destinadas a avanzar en la desregulación de las grandes empresas industriales del Estado, el abatimiento de los costos de funcionamiento de los bancos del Estado y la reforma de la legislación que regula el funcionamiento de las Cajas Paraestatales.

En ese marco el gobierno está impulsando ni más ni menos que la desregulación de la distribución de energía por parte de UTE y del mercado de combustibles controlado por Ancap, la apertura a las importaciones de petróleo y el desmantelamiento de la refinería de La Teja.

Tanto el equipo económico como el Presidente, sienten que ha llegado la hora de hundir el cuchillo a fondo.

El doctor Jorge Batlle ha dicho, además, que esas concepciones de liberalismo extremo las ha defendido toda su vida, que le costaron cuatro elecciones y que, ahora, no va a dejar de aplicarlas hasta sus últimas consecuencias.

Reiterando una vez más su previsión de que no volverá a ser candidato a la Presidencia de la República, según versiones recogidas por el matutino El Observador, Batlle dijo que quiere «dejar un país encaminado».

Desde cierto punto de vista –y en la medida que sus aliados políticos y parlamentarios le sigan prestando apoyo– no hay duda de que el Presidente está actuando con absoluta legitimidad democrática: su candidatura se levantó, sobre todo y ante todo, como una respuesta al ascenso avasallador de la corriente progresista.

Cerrarle el camino a las reformas populares y nacionales y, simultáneamente, profundizar la aplicación del recetario neoliberal, constituyó el núcleo central de la propuesta electoral del candidato triunfante.

Hasta ahí todo aparece claro y bien fundamentado.

No obstante, los argumentos no son ya tan diáfanos cuando se abordan otros aspectos de la estrategia para las reformas políticas anunciadas.

Según la crónica citada, «uno de los temas en debate (por parte de la coalición) es si las ideas de Batlle para desregular los Entes Autónomos se plasmarán en una sola ley o si se utilizarán varias iniciativas. La valoración que se hace desde el gobierno es que una ley que contenga todas las desregulaciones acelerará los tiempos de las reformas, pero se corre el riesgo de que con un solo plebiscito (la oposición) pueda poner en riesgo todas las desregulaciones».

Según se piensa, lo eficaz sería proceder mediante varias leyes, obligar a múltiples plebiscitos y «desgastar por esa vía a las fuerzas de la oposición» que se estrellarían con una opinión pública fatigada, etc.

No parece ser un criterio digno de aplauso.

Cuando lo que se propone el gobierno es darle al país el anunciado «cimbronazo», no parece encomiable la idea de trabajar para poner a favor de ese proyecto el desgaste, el hastío y el desinterés político de la gente.

A partir de un proyecto de reforma del Estado y de las empresas públicas, si se cree en él, lo razonable es dar la batalla parlamentaria, política y de opinión pública correspondiente.

Vencer y convencer, como pedía el gran Unamuno.

Vencer porque se tienen los votos en ambas Cámaras y porque, además, la opinión pública acompaña con entusiasmo inaugural y fundador los proyectos de cambios tan trascendentes impulsados por el gobierno.

Lo otro es ir ideando, a la manera sanguinettista, los mecanismos de vencer sin convencer, de usar con «carpeta-política» los mecanismos, los tiempos y la desmoralización cívica de la gente para conseguir determinados objetivos que encuentran oposición en amplios sectores de nuestro pueblo.

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