INDA. Observatorio de políticas alimentarias
Pensar en un Observatorio que evalúe la seguridad alimentaria y nutricional, fundamentalmente referida al acceso a alimentos con énfasis en el Area Metropolitana, en un país poco acostumbrado al seguimiento, evaluación y monitoreo de todas sus políticas, es por lo menos toda una novedad.
El viernes 4 el INDA presentó un informe de avance al respecto. Una muestra más, por si hacía falta, de que el Instituto quiere ser mucho más que un simple distribuidor de canastas. La creación del Observatorio que desarrolle indicadores fáciles para la medición, evaluación y su inmediata utilización, pone en juego además no sólo el papel del Estado como actor central, sino la real efectividad de la seguridad alimentaria y nutricional, la diversidad de sistemas alimentarios autónomos basados en la equidad, justicia y sustentabilidad ecológica, que se han venido desarrollando y profundizando desde la década de los 70 del siglo pasado. ¡En qué momentos de la política productiva-alimentaria global, regional y nacional surge esta propuesta, además!
Un connotado economista jefe del Banco Santander ha sugerido en estas horas que Thomas Malthus quizá tenía razón cuando 200 años atrás, en sus célebres «Ensayos sobre el principio de la población», sostenía que ésta crecía en progresión geométrica y los alimentos aritméticamente, lo que originaría insuficiencia de alimentos en el futuro.
Juan Ruiz, el nombre del economista, culpa de paso cañazo del problema a China e India, a los que califica como monstruos.
No compartimos el punto de vista. ¿Cómo es posible que el 20% de la población de países ricos consuman 80% de los alimentos y el Sur apenas el 20%? Entre 1960 y 2000, la población se duplicó mientras que los alimentos crecieron un 2,5%.
La historia tiene múltiples ejemplos en los que aún sin déficit alimentario han existido hambrunas.
Si de Uruguay se trata, la población está estancada, cuando no en retroceso.
Entre 2002-2007 su PBI agropecuario creció notablemente, superando en 2005 el máximo histórico de 1998. ¿Será entonces carencia de alimentos o mala distribución y/o producción? Los cuestionamientos a las políticas de explotación de agricultura y biocombustibles, donde se ha pasado de la euforia a la duda, son cada vez más profundos.
Recordemos al escritor nicaragüense Sergio Ramírez cuando nos dice que ha llegado el momento en el que, ante la suba de precios, la duda consiste en si llenamos los tanques de combustibles o los estómagos.
El modelo consumista que nos rige lleva a concluir que quizá definitivamente el afán de ganancia del capitalismo es ilimitado.
Recordemos que Malthus, ejemplo de análisis unilateral y parcial del tema, a punto tal que terminó alterándolo y deformándolo, iba a más: proponía el crecimiento paulatino de la población, para lo cual ¡nadie debía contraer matrimonio hasta que no tuviera los medios suficientes para atender a la prole! Tuvo mucho predicamento. Sus seguidores redoblaron la apuesta: ¡había que exterminar a los recién nacidos! Bárbaros! A lo que se puede llegar con este tipo de enfoques.
En este marco global complejo, el INDA, atrevidamente para lo que es la historia del país en la materia, promueve el Observatorio de seguridad alimentaria y líneas de trabajo que excediendo la coyuntura, se fundan en principios profundamente éticos. La reducción de sus costos y el aumento de beneficiarios, a pesar de ello, es por demás elocuente.
Ante el desaforado clientelismo político al que estábamos acostumbrados, viró el timón y rompió la rutina. Dice Uberfil Monzón: no sólo se trata de que los niños vayan por la tacita de leche, sino que además los lugares se transformen en centros de distracción. Adelante, entonces. Como dice Mario Benedetti: somos arroyo que aspiramos a ser río, y luego transformarnos en mar.
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