Desaparecidos: ¿censura a una muestra artística?

La conciencia y la memoria colectiva acerca de un drama como el de los detenidos-desaparecidos no es sólo una cuestión para el intercambio parlamentario, el debate político, o la evocación histórica.

Es todo eso formando parte de un quehacer más general, abarcador de muchas disciplinas, presente en muchos campos de la acción cultural.

Tanto en nuestro país y muy especialmente en la Argentina, la cuestión del terrorismo de Estado y de los desaparecidos ha generado una rica y potente réplica cultural.

Un amplísimo espectro de impulso creativo ha ido encontrando los caminos y los medios para expresar esos sentimientos, esas vivencias.

Desde el rock hasta la narrativa, desde las murgas hasta el canto popular, desde la sociología y la historiografía hasta el psicoanálisis han aportado su presencia en la batalla por preservar los lugares de la memoria.

Las artes plásticas no han estado al margen de esta respuesta cultural, de este esfuerzo contra el olvido.

En ese campo se inscribe «Miradas ausentes» la excelente muestra fotográfica de Juan Ángel Urruzola, que se exhibe en el atrio de la Intendencia Municipal de Montevideo.

Urruzola es un artista de reconocida trayectoria en Europa –donde exilado desde muy joven hizo fotografía, cine y trabajó en todos los movimientos de denuncia de las desapariciones y defensa de los derechos humanos– como en nuestro país, en esos mismo campos de expresión.

En la exposición de fotografía «Miradas ausentes» las fotos con los rostros de los detenidos desaparecidos, con notable intensidad emotiva, surgen en el contexto de la ciudad, de Montevideo.

Las fotos, esas que nos hemos acostumbrado a ver desde la lucha contra la dictadura en 1981 y 1982, antes que existiera prensa libre y Parlamento en nuestro país, esas fotos, para el artista, evocan vidas humanas, peripecias y trayectorias sobre el telón de fondo de la querida ciudad.

Hoy son fotos. Fueron hombres y mujeres, casi todos jóvenes y muy jóvenes, que vivieron y lucharon aquí, entre nosotros. Y hoy no están, y el artista los evoca en su dimensión de trayectoria de vida, en su condición de seres de verdad.

Sucede que esta exposición estaba pactada con las autoridades de la Fundación Buquebús y, a partir de la decisión de su presidenta, la señora Emma Sanguinetti, se decidió la no realización de la muestra.

El asunto en sí es preocupante.

Como ha señalado Urruzola, la señora Emma Sanguinetti no tiene «ningún tipo de credencial para descalificar artísticamente a la obra».

En realidad es el tema de los desaparecidos y no la propuesta plástica lo que se rechaza.

Esto es inaceptable. Pero más grave aún es el tenor de las aclaraciones de la señora Sanguinetti acerca de los motivos que la impulsaron a censurar la exposición.

Según expresó al semanario Búsqueda, una muestra con el tema de los desaparecidos «trae gente que a mí no me interesa».

El episodio apunta de mostrar, una vez más, que la lucha por la memoria se libra centímetro a centímetro. Y en todas las canchas. Y los defensores de la impunidad no ceden un milímetro.

Pero la Intendencia es otra cosa.

El atrio es un buen lugar para apreciar esa muestra plástica y esa manera de entender la saga de los desaparecidos.

Es un lugar hospitalario la Intendencia, un lugar democrático, donde los que quieran ir no oirán de nadie la expresión sectaria y excluyente «de ser gente que no interesa atraer».

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