Nuestra economía, brillante o soberbia
Ningún fundamentalismo es bueno, y esto lo entendemos como el aferrarse a una única o insustituible salida, método o forma de aplicar medidas para cambiar, torcer, reencauzar un desastre natural, social, ecológico, político, etc.
Sin mirar contextos, así como cuando el polémico enfrentamiento en la búsqueda del 4,5% del PBI para la educación, se produjo una crisis política donde el titular de economía amenazó con retirarse, dejar el barco de todos como proponiendo que su buque insignia contemplaba la salida correcta, justa, almidonada y frívola como lo fueron las recetas fondomonetaristas, que nos llevaron a esta situación de gran agujero negro en lo social que arroja según el INE (Instituto Nacional de Estadística), que 15 personas a diario son expulsadas a los asentamientos, no se ven, no son noticias, no tienen valor de mercado, no cotizan, no son bonos canjeables con encajes.
Esto se cerró, se laudó, lo sentenció el senador Mujica con la frase en aquel momento: «Sos brillante pero soberbio».
Fundamentalismo para «sortear» los efectos con más de lo mismo paradojando, pues eran las causas las que dijimos no repetir, no tropezar con más de lo mismo, no insistir con TLC, privatizaciones y estirar agonías o sea estirar deudas, endeudar otras generaciones, sin renegociar cuál siquiera aquellas deudas ilegítimas.
El fundamentalismo no ve más allá de la punta de su nariz, menos ve cuando es económico, pues todo, todos y todas somos cifras, menos ve los orígenes de los procesos de los pueblos y la lucha de clases de estos, sus alianzas, sus síntesis para avanzar.
El proyecto nacional y popular de los trabajadores, siempre luego de cada batalla perdida o ganada, concluyó en análisis colectivos para avanzar en conjunto, tomando conciencia de que cada etapa de esta debía consolidar una alianza con otros sectores que permitiera el nacimiento, el surgimiento de una fuerza de cambio que trajera justicia social, con equidad e igualdad de oportunidades a lo largo de nuestra historia.
Desde enfrente el proyecto batllista, hacía de las suyas para dividir, frenar esta alianza, esta unión, desde el poder con su modelo político del estado en lo económico y sus derivaciones.
El poder siempre actuó para un modelo, para sus intereses y conviene analizar hoy un análisis de la historia reciente narrado, comentado por Gerónimo de la Sierra: «Otro aspecto importante del modelo político es la capacidad que tuvo el bloque en el poder, en particular a través de la acción del batllismo, de captar a la pequeña burguesía en tanto clase aliada, según los momentos, con lo cual, además de ensanchar sus bases de legitimidad, logró aislarla por mucho tiempo de toda posibilidad de alianza con la clase obrera, lo que reforzó aún más la debilidad política de esta última».
(Fuente: Las luchas solidarias de los gremios solidarios, Hugo Cores).
Esta reforma tributaria que paga más quien gana más, no quien tenga más, genera el efecto anterior, lo que produjo el aguinaldo fue un mazazo y sirvió para que en coro todos gritaran cual si fuera un partido de fútbol «juez, la hora»; obsecuentes y consencuentes.
Ojalá que prime la brillantez de ver los resultados de la tabla, cuidarla y no solo una jugada de un proyecto personal.
Lo otro que pueda primar y se verá, es si la soberbia puede más y los cambios los produzca el nuevo ministro anunciado.
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