"Las mujeres no deben sentirse culpables por tener un aborto"
Algunas veces la religión es un misterio. Nací católica, fui bautizada y creo que algunos aspectos del catolicismo son muy buenos. El mensaje de justicia social es muy importante. También pienso que cuando no se coincide con la Iglesia sobre algo, hay que permanecer y luchar desde adentro. Los cambios están en las personas, no en la jerarquía. Lo que los y las católicas buscan son personas que públicamente digan lo que creen. La mayoría de los católicos no está de acuerdo con la Iglesia Católica en relación con la sexualidad, el aborto, los anticonceptivos, pero se sienten intimidados por la institución, por los obispos, por el Papa. Muchos creen que son los únicos que piensan diferente, porque no lo dicen en voz alta y no es así. El cambio está en la conducta de la gente. Las mujeres no tienen que sentirse culpables por usar anticonceptivos o por tener un aborto. No pienso que podremos cambiar el pensamiento de la Iglesia durante el tiempo que me resta de vida pero podemos disminuir su poder y su influencia sobre los políticos.
Lleva tiempo, pero los cambios llegan. Hay que mirar en perspectiva. En Colombia, la Iglesia perdió frente a la despenalización del aborto que se logró hace dos años. En México, la Iglesia también perdió: hace un año también consiguió la despenalización en el Distrito Federal.
Lo mejor de Ratzinger es que no es Juan Pablo II, en términos de conexiones políticas, de popularidad, carisma. Juan Pablo II tenía un gran poder sobre todos los líderes de su época como George Bush, Ronald Reagan, Margaret Thatcher por su contribución a la caída del comunismo. La influencia que tuvo en Naciones Unidas, Estados Unidos y el resto del mundo no es comparable. Juan Pablo II siempre viajó y tuvo un gran despliegue por todo el mundo. No hay noticias en los medios sobre Ratzinger.
El Opus Dei y otros grupos conservadores en América Latina tienen cierto poder, pero creo que nosotros les atribuimos más del que tienen. ¿Están realmente ganando? Se están logrando leyes de educación sexual, de salud sexual y reproductiva, en varios países las leyes de aborto se están liberalizando… El apogeo del conservadurismo fueron los ’90, pero su influencia ha ido decayendo lentamente. Los fundamentalismos hoy no son el gran problema: el gran problema, internacionalmente, es George W. Bush y las restricciones que ha impuesto a los fondos que promueven la planificación familiar.
Los medios están cansados del tema aborto. «¿Qué más vamos a escribir?», dicen. Aunque no todo se ha dicho, es cierto que es un tema demasiado conflictivo, aburrido y problemático. Para lograr que más gente se convierta en activista de los derechos sexuales y reproductivos tenemos que convencer a los distintos medios de que el problema del aborto debe ser visibilizado, difundido, expuesto. Otro desafío pendiente es resolver el problema de la voluntad política, frente a la influencia de la Iglesia. Muchos políticos creen que el aborto debería ser legal pero no van a votarlo. Y un tercer desafío, interno, es que necesitamos nuevos líderes jóvenes en el movimiento por los derechos sexuales y reproductivos.
Hay una caricatura del feminismo de los años sesenta y setenta. De algún modo, en Estados Unidos el feminismo no ha crecido, no se ha modernizado, en el modo de hablar, en los temas. Y las mujeres más jóvenes no se conforman con el viejo modelo del feminismo. No creo que las más jóvenes sean menos feministas de lo que nosotras fuimos o somos. No creo que en sus vidas haya más opciones. Quieren ser libres. Hay una relación muy diferente entre trabajo y familia de lo que era para nuestra generación. Nosotras pensábamos primero que lo podíamos tener todo: trabajar, ser presidente de una compañía, cuidar a los hijos, tener una familia, todo, y no lo hicimos muy bien. No fue un modelo muy exitoso.
Yo nunca me casé, no tuve hijos. Fue una decisión. Me gustan los hombres, me gusta el sexo, tuve distintas relaciones. Pero pensaba que el casamiento estaba pasado de moda. Pienso que por el éxito de las «relaciones de género», las más jóvenes no tienen tanto ego para balancear la vida familiar y el trabajo. Pueden tener una familia, quieren una relación de igualdad con los hombres y pueden tenerla y lo pueden tener por el trabajo que hicimos las viejas feministas.
Se puede creer en la igualdad para las mujeres y los varones y ser madre. Y ser una madre que no vaya a trabajar. Nosotras teníamos una visión más limitada de lo que debía ser el símbolo público del feminismo: la mujer tenía que estar afuera trabajando en el mundo de los hombres. Usted no tiene que hacer eso para ser una feminista. No tiene que hacer nada. Puede no trabajar y ser una persona realizada, completa. Es muy interesante lo que pasa en los Estados Unidos. Hillary Clinton, que es una vieja feminista, hizo campaña como un hombre y Barack Obama como una mujer.
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