Un nacionalismo popular como respuesta al imperialismo
Leopoldo Amondarain *
La fantochada electoral yanqui ha culminado. No vamos a comentar –por sabido– el sistema, las maniobras, las idas y venidas de un régimen electoral sinuoso de la mayor «democracia» del mundo, al decir de la mal llamada «prensa de mayor tiraje» que si por algo se ha caracterizado en sus internas fue por asesinar a sus presidentes y personalidades más progresistas y por realizar expresiones electorales dignas de la peor republiqueta bananera caribeña.
Sí vale comentar los resultados y el futuro siniestro que a nuestra América le deparará el triunfo del «nene» Bush con su innegable influencia político económica. En primer lugar, que el éxito de Bush rodeado de los antiguos asesores del papá predice una política agresiva como la de su antecesor, que tuvo como ejemplo relevante nada menos que la criminal Guerra del Golfo, donde entre otras menudencias arrasó Bagdad con misiles de largo alcance, masacrando hospitales, colegios, hospicios, etcétera. Todos sus aprontes como gobernador y sus manifestaciones posteriores nos harán enfrentar y soportar un gobierno tal vez más radical y reaccionario que el de su padre.
El primer y peor peligro indoamericano es sin duda la vietnamización colombiana. La excusa de la droga y sus carteles, que lógicamente los EEUU como principal consumidor debiera combatirla dentro de sus fronteras, será el leit-motiv para las presuntas y muy reales intervenciones que ya desde declaraciones de diplomáticos en organismos internacionales se están anunciando como prevención y amenaza.
Cada vez más se quiere cercenar las soberanías de las patrias chicas y débiles del continente. Cada vez somos menos libres. Todo está concatenado. Las políticas globalizadas no son más que estrategias para ir absorbiendo en un futuro cercano la desaparición de las naciones menores de América. Volveremos a ser la gran estancia manufacturera de materias primas y particularmente alimenticia de Europa y EEUU. Será el fin de la jornada, el miserable destino que se le depara –de triunfar esta tesis– a nuestro pobre continente para volver a ser exprimido por estos imperios políticos y económicos.
El surgimiento de ese eje Caracas-La Habana por iniciativa de Chávez, independiente de esas influencias y las luchas que se han planteado en la Chiapas mexicana por los zapatistas y su comandante Marcos (heroica desde todo punto de vista) y se plantean las FARC colombianas, son un mal ejemplo y pésimo preámbulo de enfrentamientos y oposición a ese modelo globalizado que se nos quiere imponer. El reflotamiento de la OPEP también por idea de Chávez defendiendo su petróleo ante el abuso histórico de los imperios es otro aspecto a tener en cuenta.
No vale ya el antiguo esquema del oso comunista con que hace cuarenta años se nos asustaba. Ese cuco ni los párvulos de jardinera se lo creen. Los verdaderos enemigos desde las épocas de la emancipación han sido los imperios europeos y luego, los yanquis apoyados ahora en sus multinacionales como variantes modernas imperiales con idénticos resultados para los explotados. Nuestras naciones deben concientizarse y cerrar filas para evitar en un futuro cercano que se siga agravando esta realidad. Los nacionalismos populares como lo fueron el justicialismo peronista o el getulismo brasileño en su momento y el resurgimiento posterior de otros gobiernos como el de Velazco Alvarado, Bosch, Arbenz, etcétera, y hoy el de Chávez, sirven de dique de contención de esos tiránicos poderes político económicos.
Claro está, no pueden luchar solos. Hay que armar algunos bloques para respaldar solidariamente estos intentos libertarios. Algunos de ellos, tomados individualmente, si gozaran del poder económico que tuvieron y tienen los ayatolás, por ejemplo, que pudieron y pueden resistir (petróleo mediante) las presiones imperiales, serían una opción a seguir. No olvidar que Jomeini resistió y triunfó a la agresión militar y económica de los yanquis y rusos juntos en el momento de mayor poderío de ambos. Salvaron sus riquezas petroleras, su soberanía e independencia hasta ahora. ¡Vaya pruebita! Claro, lo hicieron con una solidaridad y conciencia general absoluta. En buen romance, si eso se consiguiera en estas latitudes en el futuro, sería un ejemplo a seguir. O sea, no dejar solo en ese intento auspicioso del eje en formación que el presidente venezolano está creando, que sería el nacimiento esperanzado de freno ante la vietnamización de Colombia y las futuras políticas continentales del joven Bush.
No olvidar tampoco que todas las organizaciones formadas hasta ahora (Alca, Mercosur, Nafta) todas tienen en el fondo la sombra de los poderes imperiales y sus multinacionales sobrevolándolas y limitando su desarrollo. Sólo el apoyo a bloques independientes, solidarios en sus economías y políticas nacionales, surge como variante libertaria del continente. Por ahora Chávez es la esperanza.
* Convencional del Partido Nacional
Compartí tu opinión con toda la comunidad