Atinada respuesta progresista
El proceso de discusión parlamentaria del Presupuesto Nacional para el próximo quinquenio desbordó toda medida.
Nunca, en la historia reciente del país, se habían cometido tantos errores de fondo, ni, lo que es más grave, se había desconocido, como ocurrió ahora, a las fuerzas de la oposición.
La exclusión de los legisladores progresistas del debate y de los acuerdos en alrededor de seiscientos artículos revela el espíritu sectario y a la vez las condiciones de fragilidad que ostenta la mayoría coligada.
La inflexibilidad se da, al mismo tiempo, cuando se están aprobando normas que recogen una alta cota de conflictividad.
La «lluvia de plebiscitos» a que ha hecho referencia en estos días el presidente del Frente Amplio-Encuentro Progresista obedece, justamente, al carácter polémico de una serie de normas aprobadas, bajo el régimen de leyes de urgencia, con el mismo espíritu excluyente que se está aplicando en la aprobación del Presupuesto.
Al amparo de la mayoría «enyesada», los legisladores oficialistas han entrado en una suerte de manía de alterarlo todo, de modificar todo lo existente, sin ningún tipo de prudencia o sensatez.
El desborde legislativo ha llegado a extremos inhabituales.
Las normas que incorporan materias en los cursos de la educación primaria y secundaria, la incorporación parlamentaria de asignaturas, con su respectiva carga horaria es un error no sólo técnico sino un desborde del Parlamento hacia las potestades que la ley le otorga a la Administración Nacional de Educación Pública.
La creación de cursos forma parte de las facultades que en función de su autonomía técnica disponen los órganos de conducción de la educación.
Lo razonable, en este campo, es dejar en manos de los educadores el diseño de la estructura curricular.
Justamente, para alejar a la labor educativa de las batallas políticas, de las mayorías circunstanciales que puedan operar, es que, históricamente, las normas que regulan la educación pública buscan sustraerla de la contingencia partidaria asignándole un grado importante de autonomía en ese terreno.
En el contexto de errores de todo tipo se explica la actitud de los legisladores del Frente Amplio-Encuentro Progresista de retirarse de sala en momentos en que la Cámara de Diputados da el paso final en la sanción de un Presupuesto que sólo va a generar graves problemas para el país.
Nunca, en las legislaturas recientes, un partido de la oposición fue puesto en una situación tal que tuviera que abandonar el recinto como forma de protesta ante la intransigencia de la mayoría oficialista.
Los temas en cuestión terminarán siendo llevados al debate democrático de la opinión pública.
La llamada «lluvia de plebiscitos» será un baño de democracia y una respuesta a los legisladores intransigentes y sectarios.
Las políticas de «impacto legislativo» sobre todas las áreas deben ser cotejadas con el estado de la opinión de los uruguayos.
El horizonte privatizador intransigente ¿representa el sentir de la mayoría de nuestro pueblo?
La cuestión es lo suficientemente importante como para que la decidamos entre todos.
La no concurrencia de los legisladores de izquierda a la Cámara de Diputados no fue una deserción sino un desafío.
Un desafío que se complementa con las iniciativas destinadas a llevar estos debates al juicio de la gente.
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