Locas pasiones

Cuando paseamos por los barrios donde viven los empresarios, sus gerentes y servidores de mayor confianza, podemos apreciar en sus jardines, no menos de dos o tres vehículos por domicilio individual.

Cualquier vehículo medio, estándar, de menos de cinco años, genera como gastos fijos, patente, seguro y combustible, por lo menos un salario mínimo mensual. Por lo cual puede pensarse que los empresarios saben muy bien que se puede y que no se puede hacer con $8.000.

Estos mismos empresarios saben, puesto que algunos son propietarios de inmuebles, lo que deben de pagar sus empleados de arrendamiento, puesto que nunca tomarían a alguien que diera un asentamiento como domicilio.

Y en Montevideo, en barrios obreros, los alquileres más bajos superan al mínimo nacional hoy vigente de unos tres mil quinientos pesos.

Cuando se publican estudios que ubican la canasta básica familiar en el entorno de los $32.000. Los sindicalistas dicen aspirar a establecer el salario mínimo en un cuarto de ella. ¡Entonces, los empresarios, deberían agradecerles su moderación, no burlarse de ellos! Todos los empresarios han disfrutado de los retornos que les han generado la mejora en la ocupación en el país.

Nadie puede negar que directa o indirectamente, cualquiera sea la rama de actividad, el dinero vertido en salarios, se transforma en consumos básicos, desde alquileres, alimentos, vestido, transporte, y vicios. ¡Es entre las clases populares donde más extendido está el tabaquismo! ¿No han sido los autos de lujo los más vendidos en los últimos tres años? ¿Los compraron los empleados del comercio, acaso?

Es la gula de este empresariado ramplón, sin asomo de visión nacional, el que ha abusado de las Medidas Prontas de Seguridad, regenteando ellos y sus gerentes los ministerios de gobiernos serviles, o luego, de los motines militares, desde hace cuarenta años, para abatir sistemáticamente el poder adquisitivo del pueblo trabajador. Se han enriquecido con la miseria de la nación.

Puestos a salvo de los efectos contractivos de los ajustes salariales a la baja, cerraban sus industrias para convertirse en importadores, compensando el achique del giro con el aumento de los márgenes.

Es decir saqueando a los sobrevivientes de sus políticas. Y por último, siempre podían cerrar sus fábricas, clavar al BROU, a los obreros y proveedores, e irse del país con las valijas llenas. Y sino vean el último ejemplar de la especie, Soloducho , riéndose del Uruguay en Israel.

La falta de trabajo, es decir de medios de cambio para el acceso a las necesidades biológicas básicas, alimento cobijo y abrigo, explican la emigración.

Más de treinta años de miseria salarial explican la decadencia de la granja y de la industria local de procesamiento de alimentos, destruida por los liberales en su afán de incrementar el lucro empresarial.

¿Por qué emigran los uruguayos? Una doméstica indocumentada madrileña, nos muestra la TV española, gana 800 euros. Y con ese ingreso, puede acceder en la carnicería, según el precio, a entre 213 y 228 kg de pollo, a 89kg de pulpa de ternera, o a 160kg de asado de cerdo.

Esa doméstica aquí se le fija un laudo de $3.370. Para acceder a estas cantidades de proteínas, nuestras domésticas deberían tener un laudo de indocumentadas, en pollo más de $13.000 . En pulpa de ternera, más de $15.000 y en asado de cerdo, unos $21.000.

Los uruguayos emigran por la miseria empresarial que nos han dado peiranosoloduchos en vez de capitalistas. Un verdadero fraude nacional.

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