Escrito por: Por Franklin González Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Uruguay
En la agenda internacional de hoy se viene hablando mucho de las crisis energética, ambiental y alimentaria. En relación con esta última, la situación es de tal gravedad –actualmente existen 862 millones de personas en el mundo sin acceso adecuado a los alimentos y la actual crisis ha ido más allá de su alcance tradicional, afectando incluso a los países desarrollados–que ello podría estimular la agitación política y social.
Sostuvieron los participantes en la conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), reunida en Roma, del 3 al 5 de este mes, bajo el lema “La Seguridad Alimentaria: Los Desafíos del Cambio Climático y la Bioenergía”, que la crisis alimentaria actual se debe a las escasas cosechas, las bajas existencias y la creciente demanda, sobre todo de Asia, que está cambiando de hábitos alimenticios, los cuales han coincidido en los últimos dos años para causar un aumento repentino y masivo de los precios de las materias primas. Sin embargo y paradójicamente, dejaron de mencionar factores que son esenciales como los elevados subsidios y las políticas agrícolas “distorsivas” aplicadas por los países desarrollados.
“Es el momento de tomar acciones” ante la “crónica de un desastre anunciado” ha dicho Jacques Diouf, director general de la FAO. El secretario general de las Naciones Unidas recomendó a las naciones que “mejoren el acceso a las personas vulnerables a la alimentación y que adopten medidas inmediatamente para incrementar la disponibilidad de alimentos en sus comunidades”. Al respecto, Venezuela está tomando una serie de medidas desde hace tiempo para evitar entrar en una crisis alimentaria. En este sentido, es importante mencionar la atención brindada a los estratos más vulnerables económicamente, que son los más afectados por ese tipo de crisis. El Gobierno, básicamente siguiendo una estrategia similar a la que propone la FAO, apoya a los estratos más vulnerables a la inseguridad alimentaria, pero a largo plazo se apoyará y desarrollará la capacidad de los agricultores del país para producir alimentos requeridos por la población. El gobierno venezolano no ha escatimado esfuerzo alguno para asegurar, a través de las importaciones efectuadas, abastecer la demanda interna, con lo cual se ha logrado aminorar el impacto del alza de los precios.
Sobre la base de este esfuerzo el presidente de la FAO en Venezuela, Francisco Arias Milla, se mostró muy satisfecho con las políticas alimentarias aplicadas por el Gobierno del presidente Hugo Chávez Frías y expresó que nuestro gobierno ha estructurando redes de seguridad social para los estratos más vulnerables de la población. Entre otras iniciativas habría que destacar la creación de las Casas de Alimentación, que constituyen una ayuda para los sectores excluidos en el pasado.
Por su parte, el Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras inició un programa para aumentar la producción de maíz y mantener el abastecimiento de ese producto, a fin de atender la demanda de la población venezolana. Para Venezuela, el maíz es quizá el cereal más importante y por lo tanto amerita una atención especial, ya que la mayor parte de la población consume este rubro en todas sus formas. El alto precio de los combustibles representa una fuerte carga para los productores en todo el mundo, generando así un aumento en este rubro, pero en el caso nuestro — y afortunadamente– los agricultores no se encuentran afectados por el alza de los carburantes
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