Las dos diferencias del gobierno de Batlle
Carlos Santiago
Pasó el Presupuesto con centenares de artículos y disposiciones que pocos conocen, pues se votó prácticamente a tapas cerradas, dentro de un manejo desprolijo, lleno de traspiés, con disposiciones llamadas «fe de erratas» que se introducían fuera de los plazos constitucionales. En lo formal, un verdadero desastre que mostró, obviamente, que las dependencias que lo elaboraron no tuvieron un mínimo orden técnico, pero además con poca claridad conceptual de parte de los jerarcas.
El trámite fue tan irregular que todavía los senadores que participaron de las maratónicas sesiones, no tienen claro si en el texto publicado luego de una larga recopilación de resoluciones, es el que votaron realmente y dentro del mismo están todas las disposiciones aprobadas, algunas menos u otras quizás «contrabandeadas». ?Por qué no? Todo es posible en esta vina del senor.
Podríamos seguir describiendo lo ocurrido durante estos cuarenta y cinco días de idas y venidas, de equivocaciones, erratas, «mala fe», incluyendo temas trascendentes sobre el cierre del plazo institucional, muchos de ellos –obviamente– que no contaron con la aprobación de la Comisión Integrada con Hacienda, que día tras día intentó –por lo menos por la buena intención de varios senadores– de arreglar la vorágine de contradicciones que surgían del Ministerio de Economía, de su titular el contador Alberto Bensión y, por supuesto, de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto que, pese al desaguisado formal de todo el trámite, logró cumplir con su propósito: retacear partidas para los organismos que las necesitan imperiosamente, con el único fin de que el país siga en la actual situación, postrado ante el desarrollo del mundo globalizado, esperando como una salida que nos desarrolle, el dudoso despegue de nuestros vecinos, Argentina y Brasil.
En este Presupuesto no hay una sola disposición que impulse el desarrollo del país y, por el contrario, lanza sobre nuestra sociedad como un maná venenoso más impuestos que sólo multiplicarán la recesión y, por supuesto, el fenómeno paralelo, que es el incremento del déficit fiscal, achicando nuevamente al consumo lo que perjudica a la producción nacional. Sin actuar sobre los costos de producción. El combustible, la energía, las comunicaciones y los demás insumos que produce monopólicamente el Estado, mantienen su mismo peso, en algunos casos acrecentado, que no deja a los que quieren producir hacerlo con un nivel de competitividad adecuado.
Por supuesto que a los precios reales de esos insumos hay que sumarle la brutal imposición que hace el Estado para financiar sus actividades y, por supuesto, para pagar la deuda al exterior que es el único objetivo en que parece tener prolijidad este gobierno.
En suma, un Presupuesto que sólo aporta más distorsión al país, con disposiciones que se contradicen en algunos casos a sí mismas, que no sirve para mejorar la situación de los asalariados del Estado pero sí, admite, que las mismas cosas que hoy ocurren –los privilegios de los contratos de obra– sigan adelante. También se resolvió que se transfieran empresas públicas al capital privado, disposición que no garantizan nada para el país ni para la gente. Solamente es una forma en que el gobierno puede obtener recursos para su obsesivo objetivo de quedar bien con la banca internacional.
Pero, sin querer ser agoreros, es evidente que el descalabro del país seguirá adelante en forma acelerada sin que el presidente Batlle pueda cumplir ninguno de sus objetivos: Lamentablemente, a pocos meses de su primer ano de gestión, nadie produce carne de nandú y –para su contrariedad– los mercados en el mundo cada vez se cierran más frente a los productos «transgénicos», y todavía hay en el país «empecinados» productores que prefieren producir trigo, que seguir con los consejos de nuestro Presidente, de liquidar esa producción.
La banca, una de las actividades privilegiadas por este gobierno y, por supuesto, los anteriores, también ha dejado de ser un buen negocio, porque –al caer la masa salarial y empobrecerse la gente a pasos agigantados– ya no tiene el volumen de clientes adecuados, creciendo además la morosidad de sus clientes. Nadie quiere hoy tomar préstamos y, por supuesto, los retornos son cada vez más escasos. ?No será cierto que algunos bancos –cargados de dólares– preferirían instalarse en lugares donde su operativa tenga un sentido mayor a ser simples instrumentos para depósitos de dinero, que es una actividad en la que no se obtienen importantes ganancias.
El gobierno obstinadamente continúa adelante en su despropósito de castigar a quienen trabajan y producen dentro del país, expandiendo la miseria. Sigue admitiendo que la industria nacional desaparezca ante una competencia del exterior, que además de tener costos muy bajos, se permite subfacturar, para que en las bocas de expendio los productos nacionales queden fuera de mercado.
Es un camino conocido y lamentable, contrario al interés nacional y a la lógica económica. Un país en que el nuevo gobierno tiene, por lo menos, dos diferencias del anterior: una mayor desprolijidad en cada una de sus acciones y una total falta de rigor en muchas afirmaciones que las convierte en no sólo alegres, sino también en payesescas.
* Periodista
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