Escrito por: Por Franklin González - Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Uruguay
Muchas utopías se están convirtiendo en realidad. Brasil y Uruguay fueron escenarios de dos reuniones de suma importancia: la de los países de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y el XIV Encuentro del Foro de Sao Paulo.
Unasur
Con la participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela, se reunió en Brasilia, Brasil, el 23 de mayo, la Unión de Naciones Sudamericanas, la cual acordó darse una personalidad jurídica internacional a través de un tratado.
Los doce países sudamericanos “afirman su determinación de construir una identidad y ciudadanía sudamericanas y desarrollar un espacio regional integrado en lo político, económico, social, cultural, ambiental, energético y de infraestructura para contribuir al fortalecimiento de la unidad de América Latina y el Caribe”.
El objetivo es construir “un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos; otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el financiamiento y el medio ambiente, (…) con miras a eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los Estados”.
El Foro de São Paulo
Del 22 al 25 de mayo se reunió en Montevideo a todos los partidos de izquierda de América Latina, muchos de ellos en el gobierno, como el Frente Amplio (FA), organizador esta vez del encuentro.
Más de 800 delegados de 35 países, en la Declaración Final, manifestaron que “la humanidad se encuentra amenazada por las políticas de una globalización que sólo beneficia al gran capital” y que la guerra preventiva desarrollada por Estados Unidos y sus aliados no han hecho otra cosa que llevar “sangre y muerte a varias regiones del mundo”. Identificaron al “profundo deterioro del medio ambiente y el cambio climático” como las mayores amenazas del planeta. También declararon que “la crisis financiera en EEUU amenaza, junto con el aumento incontenible del precio del petróleo, en provocar una recesión a nivel mundial”, al mismo tiempo que “la concentración de la propiedad de las tierras, los monocultivos irracionales, el uso de maíz por Estados Unidos para producir etanol y el control de las fuentes acuíferas han provocado una escalada de los precios de los productos agrícolas, que amenazan con sumir a grandes poblaciones del mundo en hambrunas de incalculable alcance”. América Latina y el Caribe vive un “cambio de época”, lo cual se manifiesta en el “continuo avance de las fuerzas políticas de izquierda y fuerzas sociales”, reflejado “en la conquista del gobierno por parte de fuerzas progresistas” en 13 países del continente americano.
Por supuesto, que se hizo alusión a los intentos de los sectores del “imperialismo de EEUU y las derechas nacionales” de enfrentar el avance de los proyectos progresistas en América Latina, al que calificaron como “el continente de la esperanza”.
Saludaron y apoyaron iniciativas como UNASUR, Banco del Sur y el Consejo Sudamericano de Defensa. Expresaron la “solidaridad con los procesos que llevan adelante los gobiernos hermanos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua”, y se rechazaron “los intentos de desestabilización por parte de Estados Unidos”. Dos eventos que indican a las claras que la marcha de los cambios y de la integración es indetenible.
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