Pocos, pero mal educados
Cuando estuvo el Papa Juan Pablo II en viaje a Melo, dicen que miró desde la ventanilla el avión y dijo: «¿Dónde está la gente en este país? Claro, que eso lo digamos nosotros no causa gracia, pero que lo diga el Papa mirando desde la ventanilla para abajo sí. Si ustedes tienen la experiencia de recorrer la Ruta 6 o ir por el este de Salto y Paysandú se van a impresionar. Tener un país poco poblado tiene inconvenientes pero también tiene algunas ventajas. Lo verdaderamente grave de un país con poca gente, es que su población sea de poca calidad productiva y cultural. Este es el punto. Y este es un tema que nos remite inevitablemente a la educación.
En el caso uruguayo, ser pocos es una desventaja, por la proximidad de los gigantes vecinos, pero la peor de las desventajas, es asistir a la caída de la calidad de nuestro sistema educativo. Ser pocos con alto nivel educativo y productivo es una cosa, pero ser pocos y que además, nuestros hacendados tengan que salir a buscar a la Mesopotamia argentina o a Rio Grande do Sul, peones para que le manejen máquinas de $280.000, porque no pueden encontrar entre nuestros jóvenes eso en la campaña, es muy delicado. ¿Quién de nosotros que tuviera una herramienta de $300.000 se la da a un peón descalificado? Esta es una realidad que nos está sucediendo. Entonces nuestro sistema educativo, tecnológico y universitario, tiene que ponerse a tono con nuestra realidad geopolítica.
¿Debemos exportar esa gente que no repite en primer año escolar y quedarnos con el 40% que repite? ¿Ese es el proyecto político? Pues que se diga. Si no lo es, pues que también se diga y entonces hay que revertirlo.
En el caso uruguayo nos deja desventajas notorias. En este momento prácticamente la mitad de la población está por debajo del nivel de pobreza.
En la parte de Educación Secundaria se están haciendo muchas cosas. Se están haciendo cosas buenas y se está trabajando con entusiasmo y con muchas limitaciones. Pero lo que pasa es que los alumnos se nos van del sistema educativo porque se nos aburren en la clase. Ya hay 20% de nuestra población de jóvenes que no estudian ni trabajan. Entonces, un sistema educativo que está para «cumplir» no sirve, si no está para educar. Este es un problema que necesariamente tenemos que resolver, ¿qué hacemos con nuestros alumnos para que no se nos aburran? Para que puedan optar por entrar al mercado laboral con aquello que reciben en el sistema educativo formal sin recurrir necesariamente a suplementos compensatorios.
En la Universidad solamente egresa el 20% de los que ingresan. Es un sistema carísimo e ineficiente. Tenemos que reaccionar y no seguir en pensamientos individualistas, corporativistas y partidistas. ¿No es posible pensar en políticas nacionales y de estado? Estamos en problemas. Si unimos las dos cosas, la población pequeña y cada vez menos preparada, nuestro destino como nación es riesgoso. Hay una vieja teoría de los escolásticos que retomaban de Aristóteles y se expresa como «el horror al vacío», «todo lo vacío tiende a llenarse».
«El Uruguay está vacío», dijo el Papa. Pero si además de vacío no sabemos defender lo que tenemos, vamos mal. Lo que tenemos es tierra, agua e inteligencia humana, justamente lo que están buscando los países desarrollados. Lo que buscan es tierra ¿y dónde la van a buscar? ¿Al Africa? Hay una barrera sanitaria que lo impide, los defiende. ¿Al Asia recargada de población? Nuestros emigrantes se abren camino en el extranjero por sus reconocidas capacidades.
José Pedro Varela fue el gran intérprete del Uruguay de fines del siglo XIX, en un contexto geopolítico determinado. Acertó con la propuesta educativa, pues detrás de ella había un modelo de país a proponer y construir, con independencia de las pugnas y pujas circunstanciales que ennegrecían los entendimientos, en la época de Latorre.
Superadas ahora aquellas etapas del capitalismo creciente, la salida industrial y el positivismo filosófico, vemos que la propuesta resultó útil. Lo de José Pedro Varela fue útil. Uruguay creció económicamente, productivamente, con el reconocimiento del mundo entero. Floreció la cultura, las artes, el urbanismo. En definitiva, la calidad de vida de los uruguayos estuvo entre las más destacadas del mundo.
No se trata de mirar para atrás, porque corremos riesgo de chocarnos con el futuro. Tampoco se trata de seguir haciendo análisis, ya estamos repletos. Vamos a empezar a cumplir alguno, el que consideremos más sensato y el menos difícil. Con ese, ¡vamos adelante! Que nada nos demore mientras nuestros jóvenes y niños se pierden. Se trata de actuar. Debemos reconocer que hay iniciativas y acciones válidas de parte del Estado y la sociedad civil, pero no basta. Se trata de elevar miradas más allá de lo individual, lo corporativo, lo partidista y gestar proyectos válidos y conductores referentes. Hay que articular políticas nacionales de Estado.
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