Asesinan y hacen desaparecer a un hombre

26 años después la verdad empieza a saberse

Según integrantes de la Comisión para la Paz, la noticia de la identificación de los restos de Oliver Sena «fue una sorpresa».

El logro de esta identificación se debe a los esfuerzos de una organización no gubernamental, el Servicio de Paz y Justicia, Serpaj.

De acuerdo con las crónicas divulgadas ayer, la tragedia del pescador Oliver Sena constituye una condensación de todos los padecimientos de la sociedad uruguaya durante la dictadura.

El vía crucis del pescador de Punta del Diablo muestra con más elocuencia que un tratado de ciencias políticas en qué consiste el terrorismo de Estado.

Y a partir de esto carece de importancia el hecho de si era un militante político o no, como se planteó por un jerarca de gobierno en el día de ayer.

1– Secuestrado el 2 de diciembre de 1974 de su casa.

De inmediato sus familiares iniciaron la búsqueda.

También un periodista de la zona, actual director del diario El Eco de Castillos, Julio Bianchi, se interesó por la situación de Oliver Sena.

2– Se denunció la desaparición, sin éxito, ante las autoridades policiales y militares.

Unos días después los propios familiares pidieron al periodista que cesara en la búsqueda, «pues estaban siendo presionados».

3– Un tiempo después Oliver Sena fue visto y luego visitado por su compañera, Silvia Báez, en el Cuartel de Minas, sede de la Región Militar Nº 4 por entonces sede mayor de la satrapía montada por el general Gregorio Alvarez y sus secuaces.

4– De acuerdo a la información brindada por el Serpaj, los elementos de identificación de Oliver Sena corresponden a los de un cuerpo encontrado en las playas de Rocha el 24 de abril de 1976.

En la contingencia actuaron, como corresponde en todo estado terrorista, los médicos forenses que atribuyen, a ese y otros cuerpos encontrados en las mismas playas, un posible origen «coreano».

La prensa del régimen informó que se trataría de peleas de marinos asiáticos en alta mar y otras hipótesis más o menos estrafalarias.

Y así en esos términos es lo que la ciudadanía uruguaya supo del destino de Oliver Sena durante los 24 años que siguieron.

5– De acuerdo con las investigaciones realizadas ahora, todo parece indicar que el pescador de Rocha murió como consecuencia de la caída desde un avión o un helicóptero.

De acuerdo al forense actual, había sido sometido a salvajes torturas y mutilaciones durante casi un año y medio en que permaneció detenido en la Región Militar de Alvarez. Un pescador de Rocha, sin militancia política.

6– El cuerpo fue sepultado en el cementerio de Castillos, como no identificado, NN.

Unos días después un grupo de tareas de la Jefatura de Policía de Montevideo viajó a Castillos y con el pretexto de la identificación que nunca se hizo, cortó las últimas falanges de los diez dedos del infortunado pescador.

Rasgos característicos todos del terrorismo de Estado: son todas las instituciones públicas, toda la, llamémosle, «institucionalidad» la que se pone al servicio de un fin: en este caso, los crímenes del Ejército en Rocha contribuye a ocultarlos la Jefatura de Policía de Montevideo.

Y por supuesto los médicos policiales y militares.

Y los jueces militares.

El caso evidencia tantas aristas de maldad, tanta y tan prolongada crueldad que resulta un hecho golpeante, moralmente escandaloso.

¿Cómo pudo ocurrir así?

A la vez, ciertos pedidos de discreción sobre esta clase de informaciones resultan absolutamente sorprendentes.

Sobre la brutalidad y el crimen, en este país, ¿hay que seguir hablando en voz baja?

Sobre el pescador Olivar Sena no se sabe todo.

Entre otras cosas porque, además de todos los años de dictadura, hubo quince años de democracia omisa, de complicidades con la mentira y con la impunidad.

Hay cosas que no se saben, es cierto.

Pero lo que se sabe es lo suficientemente nauseabundo que produce indignación.

Veintiséis años después ¿hay que seguir tragándose la indignación?

¿Habría ahora que evitar que se conozcan nuevas situaciones como la de Olivar Sena como forma de evitar el asco y la indignación que estos crímenes provocan?

El calvario y la muerte de Olivar Sena ¿podría considerarse «un asunto privado» que sólo interesa a su familia?

La vasta conspiración estatal que mató y ocultó la muerte de Sena ¿no reviste interés público?

El terrorismo de Estado, ¿es una cuestión que atañe sólo a los militares?

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