Escrito por: Por Leopoldo Amondarain Convencional del Partido Nacional
Gernika y su roble son una llama encendida permanente de libertad en el horizonte de los totalitarismos y despotismos que han expoliado y asolado el mundo. Su pueblo vasco, un ejemplo de rebeldía soberana e íntegra, de noble y terca dignidad, de lucha de un pequeño país por esos valores sagrados que le son propios. Sometidos por la fuerza, única razón de las bestias, que impide que su emblemático y orgulloso pendón, su Ikurriña, blande y flamee en el concierto de las naciones libres. Y no porque no lo hubiesen sido antes del sometimiento de fuerza obligado. Historiadores connotados, hoy día remontan sus orígenes, a 30.000 años (milenios) de antigüedad, hermanándolos con el propio Cromagnon, y los más escépticos están en los 7.000 años (también milenios…) de vejentud y eran libres. Tengan razón unos u otros, convierten siempre a los vascos entre las tres o cuatro naciones más viejas del mundo. Su propio aislamiento pirenaico es obvio que protegió su antiquísima existencia entre grandes montañas y picos nevados, alternados por pequeños valles fértiles y circundando por su proceloso Mar Cantábrico con su pesca, particularmente entre otras, del atún y la ballena, que los llevaron a conocer, vocacionales marinos, las costas americanas y de Groenlandia a la par de los vikingos (se han encontrado traineras fosilizadas en esas costas). Con sus propias artes y letras, su lengua e idioma autóctonos, también milenarios y de origen desconocido, costumbres y música auténtica de profundos y sentidos orfeones, melódicas corales y dulces zorcicos, nada que ver con sus “estridentes” vecinos inmediatos, cuyas existencias son de miles de años posteriores al País Vasco. Por todo esto, tienen su propia etnia o raza, su grupo sanguíneo clásico y común a su pueblo, el RH O negativo, predominante en más del 80% de su población. Por lo sacrificado y sufrido, muy unidos y personales, pero respetuosos de las libertades y soberanías vecinas con las que convivieron durante siglos. Un lejano 26.3.37 un pequeño pueblo, Gernika, de esa tierra vasca, de apenas 6.000 habitantes, sin nada de interés militar material o bélico, sólo viejos, mujeres y niños, los hombres estaban en el frente de batalla, carentes total de cualquier fábrica de armas o explosivos u otro tipo de producción industrial útiles bélicamente, fue tomada cobarde y salvajemente como “campo experimental” de un brutal bombardeo aéreo por la Legión Cóndor alemana, por orden y disposición española, socios de los nazis, y arrasada población y ciudad inermes. La única importancia que el humilde caserío hasta hoy tiene, es un famoso y mítico roble milenario que los vascos conservan como sagrado. Cuentan sus tradiciones que, en su torno se reunían sus jefes tribales oriundos de sus montañas y caseríos periódicamente, a legislarse en forma absolutamente democrática, como marcaban sus costumbres. ¡Así de libres y justos! El cobarde genocidio trascendió todo el mundo con la indignación correspondiente. Los responsables aún hoy inventan mentiras e infamias justificantes. Que eran pocos, que se fabricaban armas, explosivos, que eran un peso obligado para tropas enemigas y demás etcéteras… El ejército español careció hasta del coraje moral de responsabilizarse de los hechos y delegó al crimen en los alemanes, que a la postre y correr de los años, ofrecieron sus disculpas y perdones correspondientes. Los auténticos mandantes jamás pidieron u ofrecieron los descargos éticos, que es obvio carecen tenerlos. Es más, el maestro Picasso creó un cuadro inmortal en homenaje a Gernika. Obra maestra reconocida sin dudas y que ha sido “paseada” por todo el mundo (Nueva York, etc.) menos por Euskadi donde debe naturalmente pertenecer y para la que se le dedicó, en memoria de los sagrados huesos que allí descansan víctimas del arbitrario imperialismo. ¡Paradójicamente, lo único que se salvó del brutal bombardeo, fue su Arbol o Roble de Gernika! Con sus ramas extendidas como brazos indignados, clamando piedad y justicia al azul del cielo, aún se mantiene en pie. Dios en su infinito amor impidió su aparente inevitable destrucción. Fue y es la representación del alma vasca que hace presencia y se mantiene como emblemático símbolo de libertad e independencia que algún día obtendrán. Sus hijos y descendientes actuales y futuros, impedidos por los medios y fuerzas brutas imperiales, integrando diásporas lejanas de la Madre Patria eskalduna, siguen venerando las sagradas víctimas de Gernika manteniendo en el fondo de cada corazón, el sentimiento libertario milenario y democrático representado por su viejo Roble y el flamear orgulloso de su Ikurriña, signos de libertad e independencia futura de la Patria Vasca. ¡Gora Euskadi Askatasuna¡ ¡Viva Euskadi independiente!
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