Sí, es posible

Edgar Bellomo

Hace más de 10 años, aparecía en algunos muros montevideanos una de las consignas más elocuentes y positivas que recuerde: «Se puede todo lo que el pueblo quiere». Lo firmaba la Izquierda Democrática Independiente (IDI) que por ese tiempo yo integraba.

Si bien no alcanzó la reiteración o la trascendencia de «El pueblo unido jamás será vencido», para quien esto escribe fue tan valedero como ésta.

La frase, que entonces comenzó a trascender lo montevideano, me hizo reflexionar seriamente. Me convencí entonces –y sigo convencido ahora– de que es cierto, que si el pueblo lo quiere, si hay voluntad política, los cambios son posibles.

Para que tengamos presente: así como fue posible abolir la esclavitud (hoy parece elemental, pero hasta mediados del siglo pasado no era así), o que votaran las mujeres (60 años atrás no podían hacerlo), también fue posible –aunque no lo pareciera– que en 1980, pese a las dificultades y los pronósticos más adversos triunfara el NO a la reforma constitucional, abriéndose así una hendija a la esperanza, iniciando el final de una etapa tan dolorosa como infame. Y fue posible…

Después, fue posible la libertad de los compañeros que estaban presos y que volvieran los del exilio. Fue posible entonces la recuperación democrática; renga, limitada, pero democracia al fin…

Hoy, los desafíos son otros. En las actuales estrategias de enfrentamientos, parece importar más que la victoria, la humillación, el exterminio; aniquilar al adversario, porque lo que se persigue muchas veces es, en definitiva, la muerte de la esperanza.

Por eso intentan convencernos, persuadirnos o simplemente acostumbrarnos al «no se puede» y por ello es que la gran tarea de la hora es, al decir de Rodolfo Nin, «sustituir la cultura del no se puede por la cultura del se necesita» y, por tanto, se hace.

Y entonces, resulta que –otra vez– es posible. Sucede que la propuesta del EP-FA de reactivación del país es viable. Que se puede –y se debería– invertir en obra pública. Que si aplicamos a ese fin 200 millones de dólares, estaríamos creando fuentes de trabajo para 45.000 personas. Que sus familiares estarían un poco mejor, que el comercio vendería un poco más y que las carreteras, puentes, escuelas, hospitales, policlínicas, o gimnasios que se construyan quedarán para el uso de nuestra gente que, sin dudas, lo necesita en forma urgente.

Que es posible utilizar esos fondos. Porque existen y están al alcance y porque se pueden conseguir también a través de un endeudamiento razonable. Que pueden combinarse y armonizarse ambas variantes (uso de reservas y endeudamiento razonable). Sí, se puede. Lo que ocurre es que cuesta asumir realmente que se puede. Tal vez porque nos falte convicción o porque muchas veces llevar a cabo las ideas, concretarlas, supone dolores enormes y paciencia…

Tal vez porque el «contrario» también juega (y nos gana bastante seguido) logrando confundirnos, desesperanzarnos.

Y posible tendrá que ser la convocatoria al referéndum que, sin solucionar el fondo del problema, vale la pena propiciar.

Para que se evite la concesión de la llave del comercio exterior por 30 años…

Para que comencemos a rectificar rumbos.

Para que «frenen la mano» y no sigan con esta metodología de leyes urgentes que no son buenas para el país y su gente; para que no sigan desonociéndonos y avasallándonos…

Para que podamos, casi simultáneamente, recolectar las firmas para las iniciativas populares que el EP-FA ya anunció y que tendrán que ser capaces de resultar victoriosas y aplicables fácil y rápidamente.

Para que no nos olvidemos que siempre, en todos los casos, es posible lo que la gente quiere.

 

* Diputado de la Alianza Progresista EP-FA

 

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