Democracia, exclusión, educación inclusiva
Programas del Gobierno Nacional llevados adelante por el Mides acuerdan con los padres un intercambio de mutuo beneficio: las familias reciben apoyos, como es la Asignación Familiar la que se ha visto incrementada en su monto a cambio de la concurrencia regular, de escolares, liceales y estudiantes de capacitación técnica, a los centros de estudios.
El problema no se presenta sólo en Paysandú, aunque han hecho eclosión actividades vandálicas en alrededores de Liceos. No es suficiente aunque sí necesario explicar la base estructural social de esta condición de exclusión cultural, laboral, educativa, de decenas de miles de familias uruguayas. El sistema capitalista ha forzado la crisis social y educativa a extremos que en un mismo territorio conviven adolescentes de una condición social y cultural opuesta. ¿Cómo no habría de provocarse una crisis como la que analizamos ahora?
Las familias envían a sus hijos, en la mayoría de los casos, a los centros de estudio no por convicción sino por la necesidad de acceder a beneficios que brinda el Estado Nacional. Sobre todo los jóvenes, los adolescentes en particular, no comprenden como útil a sus necesidades una educación que está dirigida a prepararlos para un proceso posterior al que no van a acceder, o la harán debiendo superar barreras difíciles de franquear.
En los gobiernos de la burguesía, estos problemas no ocurrían porque tampoco se preocupaban de las familias marginadas por el sistema. Es necesario un debate a fondo sobre este proceso que incluye a toda la sociedad uruguaya.
No es correcto proponer educación especial para jóvenes provenientes de hogares pobres. Un sector importante de la sociedad ha permanecido marginado por generaciones y no siente su pertenencia a una sociedad y un sistema que los excluye. No es culpa de la gente esta condición. Al mismo tiempo es legítima la preocupación social sobre los nuevos vínculos que se tienden a establecer, a veces conflictivos, con los nuevos actores del proceso educativo.
Somos defensores del gobierno docente estudiantil y obrero en la educación. La crisis proviene, en gran medida, de que los actores sociales y productivos de la sociedad no intervienen en las decisiones.
Estas se adoptan sin incluir la opinión de la sociedad sino de algunos sectores, del poder político, ahora progresista, o sólo dar poder a los docentes y estudiantes. Es un progreso parcial, limitado.-.
Los sindicatos de docentes, estudiantes, los sindicatos obreros, las Comisiones de padres, barriales, deberán abrir un debate sobre como se avanza en la inclusión social y educativa para recomponer, cohesionar, el tejido social del país.
La clase trabajadora no es bestia de carga, como consideran muchos de nariz empinada.
No deben ser sólo proveedores de recursos para la educación. No se puede afirmar que encontraremos una salida inclusiva, socialmente integradora, utilizando métodos pedagógicos y concepciones educativas que han mostrando su fracaso.- No se van a resolver estos asuntos con decisiones administrativas ni burocráticas.
La derecha eterna intentará deslizarse como siempre a la represión pura y dura. Nuestro gobierno adopta decisiones que lo conducen, sin poder evitarlo, a la urgencia de introducir a fondo el cuchillo de las transformaciones profundas que necesita la sociedad.
Debatir el trabajo de calidad, el trabajo bien remunerado, madre y padre de políticas sociales que operan, por ahora, como paliativos sociales, pero que no van a fondo en la superación de la división social de clases.
«Del rasguño a la gangrena» afirmó León Trotsky. La realidad está presente y es responsabilidad de todos encontrar un camino de progreso. Los máximos responsables de la debacle nacional levantan su dedo acusador, luego tornan su cabeza con satisfacción de verdad revelada.
Los trabajadores organizados, sin tanta pompa, están aprendiendo como se construye un nuevo país, sobre las ruinas heredadas.
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