Propuesta desde el quinto infierno
De aprobarse tal como está planteada, la ley presentada por el diputado nacionalista Gustavo Novales, no disminuirá para nada el número de afectados por la ludopatía, mal que desde 1980 es considerado una enfermedad por la Asociación de Psiquiatría Americana. Estudios científicos han demostrado que esta obedece a una deficiencia químico-cerebral, sin perjuicio de ser despertada, generada o estimulada por elementos externos.
Básicamente, el proyecto promueve la colocación en las salas de juego de carteles que adviertan que: «El juego patológico abusivo es perjudicial para la salud». Sin perjuicio de felicitar al legislador por su iniciativa, creo que sería bueno ampliar los alcances de la ley.
En España, cuando usted va a ingresar a un casino, le piden el documento y revisan en la computadora si no está inhabilitado para entrar. ¿Quién lo incluye en la lista para que le prohíban el ingreso? Usted mismo o alguna persona que, trámite judicial mediante, demuestre que incumple sus obligaciones económicas (caso de pensión alimenticia) por padecer la ludopatía. Los mismos jugadores se presentan en el organismo público que regula los juegos de azar y piden ser incluidos en la lista y no pueden borrarse de la misma sino hasta cumplido un lapso prudencial.
Con esta base proponemos que el proyecto de ley contemple los siguientes puntos:
1) Obligatoriedad de control informatizado del ingreso en las salas de juego. Cada sala tendrá una computadora destinada a tales efectos en la entrada.
3) Creación de lista de inhabilitados. Los interesados podrán solicitar su inhabilitación en la misma sala, la que en un lapso no superior a las 24 horas tendrá la obligación de comunicarla a la Dirección Nacional de Casinos, que a su vez llevará el control nacional y supervisará el cumplimiento de la norma. La persona registrada no podrá pedir su habilitación sino hasta transcurridos 5 años.
4) Sanciones radicales a la gerencia del casino en caso de falta de control, ya sea por permitir el acceso a jugador inhabilitado como a menores de edad.
5) Sanciones radicales al jugador en caso de presentación de documentación falsa.
6) Prohibición de publicidad del juego (así como se hace con el tabaquismo).
8) Avisos en las máquinas tragamonedas señalando el porcentaje de devolución.
En España los avisos advierten: «Esta máquina está programada para pagar hasta un 30 % del dinero que recauda». Con esto, la estafa creada por ingenieros queda a la vista; quien quiera hacerse robar, que lo disfrute. El Código Penal define al juego de azar como «aquel en el cual la suerte de ambas partes es incierta». Aquí no hay nada más cierto que el casino se quedará con el 10, 20 ó 30 % de lo que se apueste de acuerdo al porcentaje con que decidan programar la máquina.
Algunos plantearán sus temores por la pérdida que el Estado sufrirá con nuestra propuesta, pero la ética debe estar por encima del lucro o la recaudación. De todas maneras, el juego produce más daños que beneficios en una sociedad, incluso en España, donde el juego representa casi un 3 % del PBI o en EEUU, donde luego de la construcción es el segundo pilar de la economía.
El perfil del jugador compulsivo ha cambiado en los últimos años. Cada vez más personas de modesta condición caen en las redes de la adicción y los dramas se multiplican; porque que un millonario pierda 100.000 dólares en una noche en el Conrad no causa tristeza a nadie; pero que un trabajador pierda el dinero del alquiler o el sueldo del mes sí.
Esta adicción es inducida, provocada, y se torna muy difícil evadir la tentación: las luces, la alfombra roja, la elegancia del lugar, las chicas bonitas, la bebida y comida gratis, la alfombra roja, las promociones, la atención, la emoción de las ganancias cuya alternancia con las pérdidas es muy bien administrada por el casino para fomentar el entusiasmo… Todo comienza con una noche como en el primer mundo y se termina en el quinto infierno.
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