La noche de la nostalgia y de las amenazas

Curiosamente, el doctor Julio María Sanguinetti –cuya exhortación a no tener ojos en la nuca fue el sustento ideológico para consagrar la impunidad de los terroristas de Estado– empieza a mirar al pasado. Por supuesto que lo hace desde una óptica especialmente sesgada, adhiriendo al punto de vista parcial, subjetivo y tergiversador de los clubes militares que nuclean a los dinosaurios. La nuca del ex presidente ve con un solo ojo; su visión es, por tanto, tuerta.

Él, junto a otro ex presidente y un ex vicepresidente, estuvieron en la primera fila –como quien dice en primera línea de combate– de los asistentes al acto que celebraron conjuntamente el Centro Militar y el Círculo Militar, para conmemorar los trágicos sucesos del 14 de abril de 1972. No debe llamar la atención la presencia del doctor Lacalle, quien nunca hizo oír su voz para reclamar por el esclarecimiento de los asesinatos de Michelini, Gutiérrez Ruiz y Cecilia Fontana de Heber. En cambio, la adhesión del doctor Gonzalo Aguirre al acto ha terminado por borrar definitivamente aquel período en que su militancia antidictatorial lo hacía aparecer como una de las figuras más combativas contra el régimen. En fin, el paso del tiempo muchas veces convierte a la gente en lo opuesto a lo que era en su juventud, y en definitiva, en un régimen de libertad como el que vivimos, cada cual está en su derecho de adherir a las causas que considere justas.

El problema –o mejor dicho lo cuestionable– aparece cuando ninguno de los tres prohombres de la primera fila expresó su alarma por los dichos del diputado Daniel García Pintos en la ocasión. Aunque se preocupó por aclarar que no se trataba de una amenaza, el diputado colorado (uno de los últimos y raros ejemplares del pachequismo más rancio) advirtió: «Que abran los ojos los responsables de esta cacería de orientales (probablemente en alusión al fin de la impunidad para algunos terroristas de Estado) (…) Tal vez se puedan dar las circunstancias para que los que hoy dan rienda suelta a esta sed de venganza, cometiendo desacertadas interpretaciones legales, sean mañana los que, por su inconducta y proceder equivocado, tengan que enfrentar a la Justicia y recibir su condena».

Parece innegable que García Pintos ha traspasado el límite entre una advertencia y una amenaza, y se ha internado de lleno en este último territorio. La supuesta «inconducta y proceder equivocado» del gobierno y del Poder Judicial no es otra cosa que el respeto más irrestricto al ordenamiento jurídico; si por eso debieran supuestamente comparecer ante la Justicia, no sería sin duda alguna ante un Juzgado dependiente del Poder Judicial, sino ante el Supremo Tribunal Militar.

Ante esta realidad incontrastable, ninguno de los tres altos dirigentes conservadores creyó del caso marcar distancia de lo afirmado por García Pintos, de donde hay que concluir que, con su silencio, están convalidando las temerarias expresiones del diputado colorado y otorgando su aquiescencia a la ideología prodictatorial de éste.

Para finalizar, una última reflexión. Ayer se cumplieron 36 años del asesinato de ocho militantes comunistas en la Seccional 20ª. No eran guerrilleros ni habían enfrentado por medios ilegales al poder constituido, pero fueron masacrados en un ataque militar y policial de inusitada violencia contra el local partidario. ¿Veremos a los doctores Sanguinetti, Lacalle y Aguirre en el acto de conmemoración de esta tragedia?

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