Sobre el sujeto social de los cambios
Eduardo Daniel Olesker
Mucho se discute hoy sobre la necesidad de repensar el sujeto social de los cambios, es decir aquellos sectrores sociales que asumen el protagonismo de los cambios sociales, por las condiciones objetivas de su ubicación en la estructura económica y social.
Y entonces comienza un debate que ha tenido un gran sesgo ideológico que nos llena de frases tales como: el fin del trabajo, el fin del mundo del trabajo, el fin del trabajo asalariado o del proletariado, etcétera.
Y muchas veces de tanto propagar estas «ideas modernas» la sociedad se convence de que es así y entonces aun en nuestras filas empieza la búsqueda del nuevo sujeto social. Algunos se orientan hacia la pequeña y mediana producción, a ciertos segmentos del capital, otros hacia los sectores más empobrecidos vinculados a la mayor exclusión, en especial en el medio rural, o combinaciones de ambas.
Pretendo en este artículo rescatar la centralidad del trabajo y en particular del trabajo asalariado como el eje articulador de la sociedad capitalista dependiente en la que vivimos y como la fuente central de generación de plusvalor para el desarrollo de esa misma acumulación dependiente.
Y lo primero es lo primero:
¿Cuántos son los asalariados?
Según las estadísticas oficiales la población ocupada en 1999 para las ciudades de más de 5.000 habitantes se dividía de la siguiente manera:
Fuente: Datos del INE.
Es decir que si suponemos una igual distribución para las ciudades de 900 a 5.000 habitantes que la encuesta dejó de calcular, llegamos a la conclusión de que hay 707 mil asalariados privados y 209 asalariados públicos.
Si a esto sumamos los 158 mil desocupados que había en 1999 (la mayoría de los cuales proviene del trabajo asalariado) y los más de 100 mil asalariados rurales que existen según los datos del BPS, llegamos a la conclusión de que los asalariados, es decir los trabajadores y trabajadoras que trabajan, bajo relaciones de dependencia con el capital son bastante más que un millón, lo que desmiente la tesis del fin del trabajo o del fin del proletariado y nos encamina a afirmar que sin duda el sujeto social de los cambios tiene su eje en la clase trabajadora asalariada, que representa la mayor parte de la población y genera la mayor parte del valor de producción, aunque sólo quede en sus manos una parte menor de él.
¿Qué es lo que ha cambiado?
En este contexto, no podemos afirmar que nada ha cambiado. Sin duda, cuatro cosas han cambiado en la caracterización interna de esta población asalariada:
* Han cambiado las ramas de actividad en las cuales se ha expandido el empleo asalariado y ello tiene que ver con el nuevo rol de la economía uruguaya en el marco de la nueva fase del desarrollo imperialista de la economía mundial y en particular en su rol en lo que llamamos Cono Sur Capitalista. Y allí su rol es en esencia contribuir fuertemente la proceso de intermediación productiva, dinamizando en especial las áreas de comercio, finanzas, transporte y comunicaciones y turismo. Al mismo tiempo, dentro de los sectores agroindustriales han adquirirdo mayor gravitación sectores vinculados a la forestación y las agroindustrias alimentarias. Finalmente el otro cambio es el estancamiento y descenso del empleo en el sector público. Consideremos que casi 200 mil personas trabajan en el comercio, casi 50 mil en el área de transporte y comunicaciones y casi 60 mil en establecimientos financieros y servicios a las empresas.
* En segundo lugar han cambiado las formas de organización del trabajo y contratación de la fuerza de trabajo, privilegiando formas tales como la subcontratación, el trabajo a domicilio, la mano de obra temporal en la que el patrón no es el del establecimiento sino un intermediario, u otras formas nuevas e ingeniosas como los procesos de tercerizaciones.
* En tercer lugar y en parte como resultado de lo anterior cambian las concentraciones de trabajadores.
Ya no existen más las grandes concentraciones fabriles, donde cientos o a veces miles de trabajadores cohabitaban en su trabajo. Una de las empresas privadas más grandes del país es Disco, superando los 2 mil trabajadores, pero se encuentran esparcidos por muchos lugares y muchos de los que allí trabajan ni siquiera dependen jurídicamente de esta empresa, aunque sí dependan en la realidad.
* En cuarto lugar finalmente ha cambiado la composición social de los trabajadores, con un creciente peso de las mujeres y de jóvenes.
Y en buena medida todas estas modificaciones se alimentan entre sí, ya que son en general los nuevos asalariados los que ingresan a las nuevas áreas dinámicas y bajo las nuevas formas de contratación laboral, todo lo que segmenta fuertemente a la clase trabajadora asalariada, un objetivo central del poder económico y político.
Sin embargo, todas estas nuevas realidades no quitan, aunque se pretende ocultarlo fetichizando las nuevas relaciones de producción, repito no quitan lo común a ellas que es una clara relación de dependencia respecto al capital de quienes debemos seguir en la vieja tarea de vender nuestra fuerza de trabajo y por ende contribuimos a la acumulación de capital de parte de los propietarios de los medios de producción.
Entonces nuestra conclusión inicial es que los asalariados siguen siendo el sujeto social relevante de los cambios hacia una sociedad sustentable.
Recordemos algunas cosas que decía Marx respecto de este tema sobre el cual ha sido bastante mal continuado en muchos casos, por ejemplo cuando se intentaba hacerle decir que la clase trabajadora o los proletarios eran sólo aquellos que prducían bienes materiales, es decir los que «usaban mameluco y se engrasaban las manos».
Decía Marx: en su capítulo inédito que un educador se transformaba en proletario cuando vendía su fuerza de trabajo a una empresa que le pagaba un salario por enseñar. O también se refería al escritor que dejaba su condición de «artista independiente» cuando pasaba a ser un trabajador de una empresa imprentera que le pagaba un salario por sus escritos.
Por ello creemos que las características estructurales que definen al proletariado es la obligación socio económica de vender su fuerza de trabajo, es decir aquellas personas que están sujetas a las siguientes restricciones: no propiedad de los medios de producción, falta de acceso directo a los medios de subsistencia y por ende la necesidad de vender de manera continua su fuerza de trabajo para acceder a los medios de subsistencia.
En síntesis desde nuestra perspectiva, el nuevo modelo de desarrollo social y económico del Uruguay en el marco del Cono Sur capitalista, ha generado una expansión de la fuerza de trabajo asalariado, bajo nuevas condiciones de trabajo y organización que es necesario estudiar en profundidad, a efectos de desarollar estrategias políticas y sindicales correctas.
En una primera aproximación podemos delimitar al menos tres grandes grupos dentro de los asalariados, con condiciones objetivas comunes, pero situaciones concretas y organizaciones distintas, que debemos, repito, analizar en profundidad.
El grupo 1 está integrado por los asalariados de las ramas de producción que trabajan en condiciones oligopólicas, que están más dinámicamente insertas en la economía mundial, donde hay organización sindical y finalmente donde existe negociación colectiva. Hablamos de la banca, de la salud privada, del transporte, en parte de la construcción, de las empresas públicas.
El grupo 2 está integrado por trabajadores y trabajadoras de empresas de dinamismo creciente en la décad
a del 90, pero en donde no existe organización sindical, ni negociación colectiva y donde –fruto de lo anterior– existen menores salarios, peores condiciones de trabajo y pululan las nuevas formas de contratación.
El grupo 3 está integrado por los sectores con mayor exclusión del mercado de trabajo. Por trabajadores fuera de planilla, infomales, trabajos muy precarizados, desocupados, entre otros.
Un análisis en profundidad de cada uno de estos grupos y sus nexos con el sujeto social de los cambios desde el punto de vista político, sindical y organizacional será el tema del próximo artículo.
*Economista
| Categoría ocupacional | 1999 |
| Empleados privados | 56,0 |
| Empleados públicos | 16,6 |
| Coop. Producción | 0,3 |
| Patrones | 4,4 |
| Cuenta propia sin local | 7,1 |
| Cuenta propia con local | 13,9 |
| Trabajadores no remunerados | 1,8 |
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