Ante la negociación colectiva por salarios

Miércoles 16 de abril de 2008 | 4:59
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En las próximas horas los delegados del Poder Ejecutivo deberán anunciar la pauta salarial que el gobierno entiende razonable y posible laudar al término de las rondas de negociación colectiva que se inicia. Es natural pensar que el gobierno tiene allí un problema y una oportunidad. El problema consiste en que la divulgación del crecimiento logrado en 2007 y el incremento consecuente del “espacio fiscal” se va a encontrar con las expectativas más optimistas que tiene la mayoría de la población. Ese cóctel pudiera propiciar unas cuantas especulaciones y otras tantas inconductas. La oportunidad consiste en la credibilidad o aceptación política que parece haber ganado el ministro Astori en las últimas semanas, desde la cual pudiera explicar algunas cosas esenciales con mayor libertad. Lentamente, el ministro de economía se ha ido corriendo hacia una zona en la cual, sea o no el candidato presidencial de la izquierda, aparece como un referente de confianza.

Esa oportunidad consiste en la posibilidad que desde esa posición tiene Astori, de convocar la atención pública explicando el valor de la estabilidad como prerrequisito del cambio. Advirtiendo a la vez sobre los riesgos que presupone un eventual quiebre del programa de estabilización. El ministro de Economía aún no está siendo todo lo claro que debe y puede ser respecto a esto.

Es comprensible su temor de crear confrontaciones insalvables con los gremios, y pudiera ser también que el ministro tenga sus propios temores respecto a su capacidad de explicar y convencer en tiempos electorales acerca de temas que no son fácilmente comprensibles por el público. Es probable también que Astori tenga sus propias dudas sobre la relación de costos y resultados siempre inciertos de esta confrontación central.

Sin embargo, y más allá de esas mismas dudas que pudieran tener, parecería que la madurez del movimiento obrero colocaría a sus gremios en posición de contribuir decisivamente en esta batalla siempre y cuando fueran convocados explícitamente para hacerlo. De allí que sería un contrasentido que el gobierno anunciara una pauta salarial nominal, un porcentaje abstracto en sí, sin asegurar que está en condiciones de impedir la progresión del rebrote inflacionario.

Un contrasentido similar sería que aceptará indexar más, intentando preservar momentáneamente sólo a los trabajadores organizados; pan para hoy y caos mañana. La pauta será igual a la suma de la inflación pasada, más la inflación proyectada más lo que se estime sea el saldo de recuperación anunciado.

Estos dos últimos términos de la ecuación pudieran ser muy inciertos si el gobierno no logra asegurar que está en condiciones de impedir que la carestía barra con confianzas y metas de todo tipo.

Si la población interpretara que el gobierno tiene alguna duda sobre su capacidad de enfrentar la inflación aumentando o preservando sus ingresos reales, entonces aparecería o aumentaría esa cobertura que implícitamente hacen los sindicatos cuando, en escenarios inciertos, demandan mejoras agregadas y ajustes indexados que luego no se pueden pagar.

La única alternativa es apelar todo lo que sea necesario a una convocatoria inteligente a los trabajadores, en una suerte de armado de un pacto informal de defensa de la estabilidad.

Que connote toda la negociación colectiva; que vaya un poco más allá aún, y que en lo inmediato sea capaz de neutralizar una confrontación peligrosa.

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