Escrito por: Por Mauricio Zieleniec - Director del mensuario judío "Identidad"
Una polémica rodea a la fuerza política del FA; se debe o no criticarlo, ¿se perderán votos? ¿Se resquebraja la unidad? Mayoritariamente los integrantes del Frente cuestionan parte de las políticas del gobierno, en especial las económicas.
En filosofía, Barylko plantea la permanente distancia entre la realidad y el discurso, siendo la crítica el instrumento natural de acercamiento entre ambos. En la experiencia histórica, la falta de participación y crítica destruyó al socialismo real, sobreviviendo incluso una sociedad más injusta, pero con capacidad adaptativa a los cambios, por su aceptación a las diferencias a través de la crítica. A fines del siglo XIX, donde la propia Biblia se vio inmersa en cambios de interpretación, dado los nuevos descubrimientos arqueológicos, determinaron en 1890 el surgimiento en Inglaterra de la disciplina “Crítica bíblica”, desarrollada por los propios creyentes cristianos. La misma vida del FA y de las corrientes progresistas que lo integran sin duda dependerá de la capacidad de cambios a través de la crítica, para permitir acompasar los mismos en nuestra sociedad. Si bien no podemos olvidar que el gobierno del FA pasó al 7% del PBI, frente a índices anteriores irrisorios, y bajó el índice de pobreza en más de 15 puntos, al igual que el desempleo, que llega a uno de los niveles más bajos en décadas. El Plan de Equidad, por otra parte, apunta a encausar las dificultades de nuestros niños, que hoy llegan al 50% del nivel de pobreza. Junto al Plan Ceibal, que me recuerda a A. Tofler, donde el conocimiento y la alta tecnología son insustituibles en la educación y en la sociedad futura. No obstante, las insuficiencias del gobierno son muy importantes y no podemos pensar que todas son por problemas como consecuencia del escaso tiempo para gobernar.
El FA no puede ser una identidad o un sentido de pertenencia (como un cuadro de fútbol), básicamente debe ser el instrumento ideológico de una fuerza progresista, con un claro programa a cumplir. La crítica justamente es para sumar a la “identidad” frenteamplista, bases de profundidad de una fuerza de izquierda. Asistimos a un mundo donde la información dominada por cadenas internacionales, afirmadas en el capital financiero, tiene connotaciones de influencia política, económica, etcétera. Su influencia nos rodea, e influencia nuestra vida diaria y junto con el pensamiento político. Ese capital financiero especula a lo largo del globo terráqueo; en el 90% del mismo no se invierte en productos o bienes, sino que es básicamente de carácter especulativo. Esta burbuja de aire hoy en crisis mueve desde ideologías y las grandes estrategias mundiales ( Ej. Consenso de Washington), que influyen en cada país, incluyendo el nuestro. A eso le llamamos “ideología dominante”. Hoy el programa del FA imprescindiblemente deberá criticarse o cuestionarse, alejándose de esa alienación de la ideología dominante, que sin duda es parte del FA, pero no todos los proyectos deben ser desechados, pero sí muchos revisados. Desde el ideario vareliano que, con un desarrollo privado cada vez mayor en la educación, nos aleja de nuestro discurso. Pasando por las estructuras de información y comunicación, que son básicamente en un 75% extranjeras. Observando los discursos económicos, donde expresamos y marcamos el crecimiento de las exportaciones, pero silenciando la otra realidad, en donde las importaciones son mayores, ¿lo callamos? ¡No hablamos del Uruguay productivo!, donde las industrias están casi destruidas, puesto que no tiene competitividad con el exterior y por eso la importación crece a costa de nuestra proyección industrial. La sociedad uruguaya aumenta su polarización relativa, lo que significa (menos pobres por debajo de la línea de pobreza, que significa $ 4.500), que asistimos a la continuidad del empobrecimiento de los sectores medios y bajos, junto a la generación cada vez mayor de sectores altos; todo esto hace polarizar nuestra sociedad en un gobierno de izquierda. Los pequeños empresarios son de acuerdo a las cifras oficiales los más perjudicados. Las grandes cadenas comerciales y los grandes espacios, tienden a agigantarse, creciendo mucho más por sus excelentes condiciones, frente a la importación, realidad con la cual los pequeños no pueden competir y terminan cerrando. El deseo permanente de inversiones extranjeras, que mayormente ingresan por un paraíso de impuestos, ya concedidos o de lo contrario en el sector primario de la economía, en donde el campo ya se encuentra con una concentración de casi 45% en manos extranjeras. No es esto acaso parte de una política neoliberal que siempre desdeñamos, puesto la mismas inversiones no se traducen ni en infraestructura para el país, ni en valor agregado de mano de obra nacional. No nos dan futuro. Las estadísticas confirman un bajo nivel del salario privado que rodea, siendo el promedio de $ 5.500; un congelamiento del ingreso de las pequeñas empresas en estos últimos años. Por otra parte 10.000 productores rurales dejaron el campo en los últimos ocho años. Casi el 70% de las familias no perciben el valor de la canasta familiar básica. Y lo más importante es que las proyecciones socioeconómicas no marcan señales de modificaciones en estas tendencias a futuro.
El Frente es un espacio para profundizar la justicia social, las insuficiencias y las formas de resolverlas deberían ser parte de reflexión y crítica, para no caer en una “identidad frenteamplista” sin contenido o con intereses propios del poder; somos la opción de cambio y sobre estas bases es imprescindible volver a entusiasmarnos, criticando y modificando. Un espacio para el cambio, que permita construir un Uruguay productivo por encima del especulativo. Es este seguramente el pensamiento colectivo de la familia frenteamplista, no escondernos de la realidad, modificarla.
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