La agenda próxima
En el umbral de lo que será la etapa más importante de su administración, el gobierno está teniendo ostensibles dificultades para imponer los temas centrales, en torno a los cuales debería conformarse la agenda del año. Alguien no ponderó adecuadamente el riesgo de los efectos colaterales de las reformas sobre el tipo de discusión que iba a procesarse en esta delicada etapa de la primera administración de la izquierda. Lo advertimos en oportunidad de los primeros escarceos de la consulta pública de la reforma del sistema tributario y lo hemos hecho últimamente en relación a las consecuencias que pudiera tener la ejecución de un sistema nacional de salud en el cual, nuevamente, el gobierno asume todos los riesgos. Muchos de los cuales es probable que no estén siendo cubiertos adecuadamente.
Este problema de agenda no puede ser seguido de atrás o enfrentado con discursos simples. Las reformas crean resistencias, tan validas si ellas son canalizadas correctamente, como el legítimo derecho de las mayorías a concretar sus ideas en políticas públicas. Sin embargo, hay un capítulo del diseño de las reformas, ínsito en las mismas, que tiene que ver con la sustentabilidad de largo plazo de cambios estructurales apoyados en la convicción ciudadana.
El problema es complejo pero no por ello deberíamos soslayarlo. La opinión editorial de los medios masivos debe cumplir una función de enlace entre la realidad que informamos y el abordaje de este tipo de discusión, incipiente y difícil. En el caso de LA REPUBLICA es obvio que esta intención va al encuentro de esas reflexiones serenas, que a la vera de la confrontación diaria se realizan en varios ámbitos de recreación del pensamiento de la izquierda.
En este caso, observar las dificultades que tiene el gobierno con la agenda no se puede limitar tan sólo a una confrontación intelectual en esa puja natural del cambio procesado en democracia. Es necesario afrontar este tipo de dificultades evadiendo la otra gran tentación: reducir las dificultades a la pobreza de la comunicación o al desvalimiento relativo de los medios con los que cuenta la izquierda en el gobierno.
Hay un diseño del plan de gobierno cuyo cronograma precipita sobre la etapa preelectoral la ejecución de tramos importantes de las reformas estructurales. Es el caso del ajuste de la reforma tributaria una vez cerrado el primer ejercicio de aplicación del IRPF en particular.
Es también la etapa de ordenamiento de un sistema de salud costoso y complejo en el cual, sobre todas las cosas, el gobierno debe saber que su única defensa frente a la resistencia corporativa al cambio estriba en la comodidad y la comprensión del usuario, a la vez contribuyente de un sistema caro y lleno de riesgos. Esto no se arregla sólo con más asignación presupuestal. Los cambios no pueden estar sustentados sólo en la comodidad relativa y necesariamente temporal de sus recursos materiales del Estado, sino en la convicción individual de su necesidad. De otra manera todo es demasiado vulnerable.
En suma, adviene una etapa corta, intensa y decisiva en la cual ya no se juega sólo la habilidad de la izquierda para explicar y negociar las reformas desde la grandeza de avanzar en políticas de Estado. En áreas decisivas para el resumen de esta etapa el gobierno esta avanzando en esa dirección; los fundamentos del presidente y las primeras acciones y declaraciones del Canciller en su área son expresivas al respecto.
Esa etapa, además, será una instancia de educación cívica y recreación del pensamiento que este gobierno deberá enfrentar apelando a todo el talento acumulado históricamente en las luchas por la democracia y el bienestar social. En esta línea, que no es sólo de confrontación y puja, sino de provocación a la inteligencia de tirios y troyanos, quisiéramos poder aportar también lo que hemos acumulado en estos veinte años.
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