El Impuesto a la Renta y la mentira
Carlos Fernández Rapetti *
En el desarrollo de la campana electoral y como directa consecuencia del balotage, se tomó como método para combatir la propaganda del Encuentro Progresista, un punto de su plataforma programática. Elegido ese tema: el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas se centraron en él todas las baterías propagandísticas de los partidos Colorado y Nacional en todos los medios de difusión asegurando entre otras inexactitudes «que pagarían más los que tienen menos».
El referido proyecto de ley sólo es un esquema de principios, bien explicado en cuanto a las opciones políticas a tomar, pero sin determinar escalas, porcentajes aplicables ni mínimos imponibles. Como era lógico, de adoptarse el impuesto esos detalles serían las opciones políticas a tomar en la discusión parlamentaria necesaria para su implantación en la que intervendrían todos los partidos políticos con representación parlamentaria. Incluía si –a manera de ejemplo– algunas escalas y porcentajes como para probar fehacientemente un principio rector que debe existir siempre en un proyecto fiscalista justo: «que paguen más los que tienen más (que actualmente no pagan), que paguen menos los que tienen menos (que hoy pagan) y que habría una cantidad grande de uruguayos que no debían pagar nada (y que hoy pagan).
Resumiendo: según el Diccionario de Economía y Tributación, el Impuesto a la Renta es «un impuesto que grava los ingresos de las personas, cualquiera sea su fuente, a partir de un mínimo, debajo del cual el ingreso no está gravado». Digamos además que este «cuco» creado por la propaganda injusta en nuestro país, está vigente en todos los sistemas fiscales de los países desarrollados y en muchos del tercer mundo. Descartando un análisis más detallado –que no viene al caso– por estar ante un proyecto de ley, pasaremos ahora a historiar su vigencia anterior en el sistema fiscal uruguayo, a los efectos de que sirva para refrescar la memoria de las cúpulas y votantes de los partidos de la actual coalición de gobierno. En la Reforma Cambiaria y Monetaria implantada por el Partido Nacional después de su triunfo electoral de 1958 se crea entre otras leyes la del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas. La misma estuvo vigente durante los dos períodos de gobierno blanco y posteriormente durante los siguientes gobiernos colorados. Sin críticas fue analizada y sufrió algunas modificaciones durante ese largo período y finalmente fue derogada durante la dictadura junto con el Impuesto a las Herencias y su Sustitutivo. El método utilizado durante la campana electoral de 1999 tiene su antecedente exitoso en la campana electoral de 1972. Durante la misma, después de haberse creado el Frente Amplio en 1971 y viendo el éxito de sus últimas concentraciones, considerando que peligraba su preponderancia política, iniciaron una enérgica campana publicitaria en los días anteriores a las elecciones, asegurando que de triunfar el Frente se llevarían a los ninos uruguayos a la Siberia soviética.
Para mayor esclarecimiento hagamos un breve comentario que caracterice al sistema fiscal uruguayo: a) somos campeones mundiales de Impuesto al Valor Agregado (IVA). La tasa más alta que se conoce en todas las legislaciones actuales es la uruguaya con su 23%.
b) El resto del sistema se basa casi todo en impuestos directos al consumo, a la producción o a la intermediación, en perjuicio de las clases menos pudientes. En el caso del IVA, lo paga siempre el último consumidor, sobre precios de compra que ya incluyen además otros impuestos.
Quien es propietario de algún comercio o industria incluye –de alguna forma– en sus compras comerciales muchos de sus consumos personales, los que posteriormente deduce de lo que tendría que pagar de IVA o de IRIC, chance que no tienen los uruguayos de más bajos ingresos. c) Digamos además que ya se habla de la futura derogación del Impuesto al Patrimonio, el más justo de nuestro sistema impositivo a pesar de las excepciones injustificadas que se le han hecho. Los entendidos sabemos que es un impuesto que no se persigue con una fiscalización efectiva porque políticamente no interesa gravar a las clases pudientes. Tanto es cierto que todavía no se ha querido implantar un sistema de catastro personal nacional de propietarios de inmuebles, pese a los actuales sistemas electrónicos disponibles para indizar unas 420.000 propiedades en total.
Acotemos que además de no cumplir –entre otras– la promesa electoral de no aumentar los impuestos, se grava con el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas, disfrazado bajo el nombre de Impuesto a las Retribuciones Personales (IRP) a las clases menos pudientes: trabajadores y jubilados, cayendo así en flagrante injusticia tributaria.
Como comentario final digamos que el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas será de difícil implementación futura a pesar de la necesidad imperiosa de aplicarlo, debido a que fue atacado con tantas falsedades y con mucha asiduidad durante la campana electoral.
A pesar de lo antedicho, creemos que es la única opción posible para obtener imposición complementaria al actual sistema, por gravar sólo al sector que menos gravado está y que es el que tiene mayor capacidad económica.
Si se implantara permitiría ir rebajando los impuestos directos y a su vez ir obteniendo los fondos necesarios para volcarlos en los sectores necesitados de inversión y salir de la actual crisis.
* Integrante de la Comisión de Programa del FA
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