La razón por encima del insulto
Empezaré con una cita del Antiguo Testamento (Proverbios, XVIII, 2) que dice con plena razón que «al tonto no le gusta reflexionar sino decir lo que siente». Vieja sabiduría judía por cierto, e indiscutible para este caso en el cual se aplica al pie de la letra.
Con motivo de una nota del suscrito –que no será la última– en defensa de los palestinos robados, despojados, avasallados y asesinados por los judíos de Israel, varios lectores, reaccionarios ellos como se verá, se dirigieron al director de este diario para insultarme según una vasta gama de epítetos y calumnias.
Lamentablemente quedó bien claro que no se ocuparon de rebatir mis razones documentadas, tales como el racismo de Golda Meir y el de Hacoben que afirma que «los palestinos no son hombres, son árabes» (sic). Racismo extremo como el que se reprocha a los nazis alemanes.
Tampoco se ocupan de desmentir al Viejo Testamento (Josué III, 9 a 12) que da cuenta de los exterminios y genocidios cometidos por los judíos.
Tampoco desmienten que la división de Palestina fue llevada a cabo por Resolución de la Asamblea General de las NU, sin que la misma tuviera potestades para hacerlo, pero lo hizo bajo la presión de los EEUU y otros países (Resolución 181, 29-XI-47), una resolución a través de la cual se adjudicó la mitad del territorio palestino a los judíos en forma antidemocrática, aun sabiéndose que, en ese momento, eran sólo el 13% de la población y que no se hacía otra cosa que expropiar a los palestinos.
Ni que decir que mis fanáticos atacantes, reaccionarios además, no dicen palabra de la anexión de Cisjordania, Jerusalén Oriental y Gaza, ni siquera para tratar de explicar tanta infamia y desprecio por el derecho a la autodeterminación por parte del Estado de Israel.
Ni dicen palabra sobre la actual colonización judía como forma de apropiación de las tierras del pueblo palestino.
Diré además que la reposición de las cámaras de gas que se me propone, sé que la misma llegaría tarde. Ya las han repuesto los israelitas pero en una forma nueva, la cámara de gas actual, de gas militar lento, eso sí, con el inconfesado propósito de exterminar paulatina pero ferozmente a los palestinos mediante el predominio militar y el despojo permanente apoyados y financiados por el imperio de los EEUU.
Mis teóricos interlocutores no se molestan en dar razones; son tan fanáticos y de tan corto alcance que sólo conocen la técnica del insulto y la calumnia. Peor para ellos.
Sólo les quedó en el tintero decir que todo aquel que cuestione la política de Israel o al pueblo judío y sus errores pasados o actuales es una especie de monstruo antidemocrático, olvidándose así hasta de las críticas de otros judíos, ellos sí progresistas. Tal el caso de Jacobo Timerman –judío él– o Iehudi Menuhim –también judío– respecto a la política israelita contraria a los palestinos, cuyas críticas se conocen desde hace muchos anos y fueron difundidas en el mundo entero en su momento y hasta podrían republicarse en caso necesario.
A falta de razones, documentos y fundamentaciones válidas, para estos detractores su arma básica es la calumnia y el ataque.
Esta situación no es nueva. Del mismo modo que por respeto a la verdad y a la justicia, hoy soy crítico de la política sionista, lo era en 1940 de los llamados «aliados«, cuando con 17 anos era alumno del Liceo Zorrilla. En aquel momento, criticar al imperialismo inglés con plena fuerza dominante, secundado por los países europeos en su mayoría, bastaba para recibir el mote de nazi. Aquella era mi situación y posición ante los valores impuestos en la época. Todo disidente era nazi –hasta confeso– como dicen ahora estos judíos reaccionarios. Hago hincapié en el adjetivo porque el sustantivo judío no es condición afrentosa a priori y aislado. Tal el caso de Timerman y Menuhim entre otros, como antes se argumentó.
Por último senalaré que no se deben arrancar las situaciones de su contexto histórico. Víctima unas veces y victimario otras –todo ello documentado– el pueblo judío tiene proclividad a olvidar sus infamias y presentarse siempre como víctima.
Tal el caso del judío Jesús, adorado hasta hoy por los cristianos, al cual se sigue presentando como víctima haciendo de su crucifixión su definición visible, lo cual se enraba con viejas tradiciones de su comunidad.
De ahora en más, sé que bien pueden seguir insultándome y y tratando de agraviarme, hecho que no deja de darme asco.
No discutiré más con quienes son el tipo de gente –que pudo haber sido cristiano o musulmán– cuya irracionalidad, falta de capacidad y espíritu crítico (y además, condición reaccionaria) los convierte en personas con quienes nunca será posible analizar ni discutir cuestión alguna.
Por último, no estoy de acuerdo con que este diario –incurriendo en el «utrademocratismo» que denunciaba Mao– publique insultos y calumnias en vez de exigir argumentos, pruebas y documentos, tal como siempre ha tratado de hacer quien firma.
Retomaré la cita bíblica –y por tanto judía– del comienzo: «Al tonto no le gusta reflexionar, sino decir lo que siente«.
* Escritor
Compartí tu opinión con toda la comunidad