Escrito por: Por Milton Cubón - Analista
Hace pocos días concurrimos a ver a un paciente con problemas de adicción, socio de una importante mutualista, que posee un centro de tratamiento psiquiátrico en Montevideo, en realidad como la mayoría de estos centros de rehabilitación (?) demostrativos de que allí, difícilmente pueda rehabilitarse alguien. Al concurrir entre las 17 y 18.30 horas, según reza un cartelito a la entrada, horario de visita, golpeamos a una puerta de vidrio detrás de la cual dormía recostado en una silla un veterano policía.
Como en esos momentos llegaba a tomar su turno un auxiliar de enfermería, preguntamos a la misma por qué no salía a atender algún administrativo o personal de enfermería y nos dijo sin tapujos: “Hay una sola compañera en estos momentos, y con tantos internados no debe tener tiempo ni para venir a abrir”. En esos instantes, el policía, ya despierto, nos expresaba que para los adictos allí internados, sólo los padres estaban autorizados a la visita por lo cual, nos retiramos. Antes de irnos, increíblemente, se nos proporcionó un teléfono a través del cual, en aquel horario de visita, se podía uno comunicar con el paciente.
Lo hicimos al rato y el amigo internado, al margen de mostrar su ansiedad, nos dijo que le enviáramos cigarrillos. “¿Cómo es eso, preguntamos, dejan fumar allí?” “Sí”, nos respondió el paciente, “en eso no hay problemas”. (Si usted conoce algo de asistencia médica, amigo lector, o lo imagina, razone sobre si esto es “normal” en un centro asistencial. A nosotros personalmente nos trae el recuerdo de la bronca de un prestigioso traumatólogo amigo, cuando hace un par de años, tras asistir a un paciente internado por una fractura, en un nosocomio de renombre, éste le preguntó si “podía tomar algún whisky”. A lo que, obviamente, el galeno respondió: “¡De ninguna manera”!
Pero volvamos al principio. Las mutualistas, hoy por hoy, aduciendo que este tipo de pacientes le origina grandes pérdidas económicas, apenas los tienen unos días y luego los derivan a la asistencia privada, sea en alguna ONG o, para el de familia solvente, en algún instituto especializado dedicado a estos casos. En el caso especial de este paciente que nos ocupa, la carencia de recursos obligó a sus padres a recurrir a “Remar”. Y el paciente fue enviado a un centro de rehabilitación que dicho organismo tiene unos diez kilómetros antes de llegar a Rivera, Pueblo Castro para más datos, donde por razones de distancia y gasto de dinero, para los padres, gente modesta, se hace prácticamente imposible la visita. De seguro que de “agarrarse” algún día una gripe u otra afección sin mayor entidad, si el paciente se recupera de su adicción, podrá sí tratarse en la mutualista. En la cual tampoco tendrá dificultades, en caso de requerimiento de asistencia odontológica. Como decía aquel inolvidable personaje de “Polémica en el bar”, “¡qué barato sale ser bueno!”.
En los últimos días hubo expresiones del secretario de la Junta Nacional de Drogas, pugnando para que las corporaciones mutuales cambien el rumbo en esta materia. La respuesta de éstas es que con este tipo de tratamientos, ellas pierden alrededor de 50 mil dólares mensuales. La recomendación de Milton Romani, por lo tanto, ha sido echada en saco roto por quienes tienen, con cuotas nada bajas, la asistencia privada de la población. En torno de la asistencia a pacientes con HIV positivo, todos sabemos, ocurre algo parecido.
Aunque Romani insista en que “los costos están dentro de lo que están recibiendo las mutualistas por el Sistema Nacional Integrado de Salud”, los dueños de las corporaciones de asistencia médica no aflojan. Su opinión, por lo visto, es de que estos gastos debe costearlos el Estado”.
El problema en todo este grave tema está planteado. Mientras la Junta Nacional de Drogas dice que sí, el Plenario de Mutualistas, que preside el doctor Antonio Durán, sigue manteniendo –por razones económicas– una cerrada negativa. En el medio, como siempre, están los pacientes y sus angustiados familiares. Confiamos en que el Ministerio de Salud Pública, a cuya titular personalmente hicimos llegar nuestra inquietud, tome cartas en el asunto. Por razones humanitarias y mucho más, no puede ni deben existir en el mutualismo pacientes de primera y de segunda. El enfermo, cualquiera sea su padecimiento, ¡es uno!
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