El mundo no nos ha sido esquivo
En los últimos días se produjeron algunos hechos a nivel internacional, que claramente favorecen a las corrientes progresistas a escala global.
En Santo Domingo, durante la reunión del Grupo de Río, se logró superar la crisis entre Colombia y Ecuador, estableciendo un acuerdo de paz que le cerró el camino a la guerra impulsada por Estados Unidos.
Es de las pocas veces que la Casa Blanca no logra, por reacción de los gobiernos nacionales latinoamericanos, encender las praderas y establecer un clima de guerra de consecuencia imprevisibles.
La serenidad de Hugo Chávez, las buenas recomendaciones de Fidel Castro y de Lula, fueron factor fundamental para impedir que se agudizara el conflicto y esos hermanos latinoamericanos terminaran enfrentados con las armas en la mano.
Pocos días después, el pasado domingo, en España ganó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), derrotando a la peor derecha de Europa, el Partido Popular, que en nuestro país tiene como aliado fundamental al Partido Nacional, tanto por parte del Herrerismo como por parte de Alianza Nacional.
Ese mismo día, en elecciones municipales, la izquierda francesa socialistas, comunistas y otros se llevaron la mayoría del electorado, dejando al presidente de la nueva derecha francesa Nicolas Sarkozy en franca minoría.
Para los latinoamericanos, particularmente para los uruguayos, las elecciones españolas dejan muchas enseñanzas. En primer lugar que cuando un sociedad se polariza las elecciones se vuelven tensas y llevan a que los resultados electorales establezcan muy mínimas diferencias entre los oponentes. Incluso muestra es que muy difícil llegar a superar el 50% más un voto, para quien se lleve los laureles.
La otra enseñanza que dejó la elección española, es que hoy los debates en el mundo, debido a la globalización y a la influencia de los grandes medios de comunicación, tienen elementos comunes.
España y Uruguay presentan condicionante muy similares, a pesar de que en nuestro país no existe el problema de Eta, ni de la invasión de emigrantes, ni el tema de las autonomías.
Aunque el debate de los españoles mostraba que no había grandes diferencias, porque Zapatero se asimilaba a Tabaré Vázquez y Mariano Rajoy a Luis Alberto Lacalle.
El debate fue entre el progresismo y lo conservador, entre la libertad y el oscurantismo, entre la injerencia del Estado en la economía y el imperio del mercado, entre la laicidad y la estrechez dogmática de los centros de poder religiosos, entre la igualdad y la desigualdad, entre la diversidad y la opacidad de la cultura única.
Para la humanidad, particularmente para los integrantes de la comunidad ibérica y americana, que José Luis Rodríguez Zapatero haya sido reelecto es un señal positiva, que ayudará a construir un nuevo diálogo intercultural.
Con Zapatero se podrá dialogar, mientras que con Rajoy se hubiera abierto una etapa de confrontación, donde «lo español» solo hubiera estado centrado en Miami, México y Colombia, zonas de la región donde gobiernan personalidades conservadores y funcionales afines a los Estados Unidos.
Cuatro años más de un Zapatero presidente ayudará, no falto de contradicciones, a que Cuba pueda navegar su proceso de transición del gobierno de Fidel al gobierno de Raúl, de la mejor manera.
Es de esperar que Italia, en sus próximas elecciones, se suba barco del progresismo que han inaugurado España y Francia en esta nueva etapa. Por el bien de todos, por el bien de la paz y de la libertad. Que así sea.
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