Elecciones en Paraguay
Los días 28 y 29 de febrero y 1° de marzo, en Asunción del Paraguay se desarrolló un encuentro de países latinoamericanos con presencia de gobernantes y organizaciones sociales de Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Venezuela y Bolivia, con el objetivo de retroalimentarnos en esto de que el «camino se hace al andar» de los distintos procesos de acceso a gobiernos progresistas donde se manifestaron, pronunciaron, comunicaron los logros, las luces y sombras desde la perspectiva de la convocatoria hecha por el movimiento «Tekojoja» (igualdad de oportunidades en guaraní), que tituló dicho evento «Protagonismo popular, soberanía e integración».
Es fundamental que un país herido a muerte con una dictadura de 35 años (Stroessner) y tres elecciones a la fecha ganadas por el Partido Colorado con votos del dictador, en las cuales sucesivamente en cada transición o traspaso de gobierno hubo hechos de sangre y muertes, comience a transitar, luego de 60 años, elecciones libres, democracia sin amputación, con respeto a la vida humana, sin fraude, sin impunidad.
El país en segundo lugar a nivel mundial en cuestiones de corrupción no es ajeno y sí vinculante el pensamiento único, la dictadura, la impunidad, la imposición, la soberbia, causa que llevó al efecto de generar el país más pobre de nuestra Sudamérica.
El convocarnos a amalgamar actos heroicos del «protagonismo popular», nos llevó a encontrar hilos conductores similares de llegadas a mojones importantes de gobiernos alternativos a los desacreditados y agotados partidos tradicionales.
La lucha contra las privatizaciones y la convocatoria a un plebiscito acumuló y puso en la puerta a este gobierno en Uruguay, en el cual a la cabeza estaban los trabajadores y sin lugar a dudas que los 2.000 campesinos militantes procesados (desde 1989 a la fecha) por reclamos sociales, por oponerse a un modelo apremiante como es el de libre mercado, lidera la construcción de esta alternativa y coloca nuevamente a la puerta del gobierno en Paraguay a un líder como el candidato Fernando Lugo, ex obispo que en 1994 en un apresamiento de varios dirigentes sindicales, en esta propuesta de criminalizar la protesta, se presentó en los centros de detención como «preso solidario», privándose de su libertad, jugándose una «parada» para «erguir» a su pueblo, escribiendo en actos propios que «la libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado».
Este líder en el encuentro se expresó claramente en lo que hace a la integración y dijo que primero empieza por casa y no es admisible que los indígenas sean vistos y tratados como mendigos casi sin considerarlos seres humanos. Por ello obra en consecuencia y en segundo lugar al Senado participa Margarita Mbyvangi, dirigente del Movimiento Indígena del Paraguay.
A su vez nuestras voces aportaron desde Uruguay que se es «soberano» cuando se puede elegir, se puede optar, y que la soberanía no existe o no es completa cuando desde el Banco Mundial o el BID se diseña la «inversión» contra la pobreza. Desde Chile se evidenció que no hay «protagonismo popular» con dignidad, cuando la economía creció a un ritmo del 6% o 7% anual en los últimos 15 años, el éxito macroeconómico elogiado por el FMI, y en cambio la distribución de la riqueza los ubica entre los 10 pueblos del mundo con mayor desigualdad.
Desde Brasil se bregó por democratizar y la desmonopolización de la palabra, pues cuatro familias son dueñas de los mayores medios de comunicación en un país de 200 millones de habitantes.
En el país con mayor presencia del guaraní, que habita esta región, quedó específicamente claro que no estaba vacía América cuando llegaron los «civilizadores» con el progreso.
También quedó claro que el capitalismo llegó por medio de dos genocidios, la abolición de los aborígenes y las matanzas de esclavos; es la cara de un modelo impuesto salvajemente.
Pueblo indígena aplastado no quiere ser más tratado como mendigo, quiere ser tratado como persona y es obligación de todas y todos el 20 de abril apoyar al «Tekojoja» y su candidato a presidente, Fernando Lugo, a colocar un nuevo mojón de esperanza en América y a partir de él, ejecutar un programa que no sólo apunte a bajar puntos porcentuales de pobreza sino a erradicarla, porque de eso se trata y de una vez por todas; y que la igualdad sea de oportunidades concretas y reales.
Acceder al gobierno en Paraguay es asumir un rol del Estado que sirve para programar y distribuir planes de integración y emancipación de los pobres, porque los planes del «mercado» y «libre comercio» no aseguran su atención ni su inserción, sólo son desesperación para asegurar nuevos empleos con salarios vergonzosos que no permiten el desarrollo digno de una familia.
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