¿Por qué es mejor la paz?
Hace dos siglos, uno de los hombres más grande de América y una de las referencias de la dignidad, Simón Bolívar, tuvo la visión y nobleza de decir que «la unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino.»
Pero ¿quién actúa sobre el destino para que se decrete la unidad? ¿No es, acaso, la nobleza y sabiduría de nuestros pueblos la que determina lo inexorable? Hoy los pueblos toman la palabra, la razón y la paz; mientras la barbarie se sumerge en el crimen, la locura y la guerra.
Venezuela ha decidido impulsar la unidad y la paz de América del Sur; es una orden de nuestra Constitución en su «Preámbulo» cuando afirma: «el pueblo de Venezuela, invocando el ejemplo histórico de nuestro Libertador con el fin supremo de refundar la República en un Estado de justicia, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, asegure el derecho a la vida, promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional…».
Entre su articulado se establece: «Las relaciones internacionales de la República responden a los fines del Estado en función del ejercicio de la soberanía y de los intereses del pueblo; ellas se rigen por los principios de independencia, igualdad entre los Estados, libre determinación y no intervención en sus asuntos internos, solución pacífica de los conflictos internacionales, cooperación, respeto de los derechos humanos y solidaridad entre los pueblos en la lucha por su emancipación y el bienestar de la humanidad…». (Art. 152).
También expone: «La República promoverá y favorecerá la integración latinoamericana y caribeña, en aras de avanzar hacia la creación de una comunidad de naciones,…para promover el desarrollo común de nuestras naciones, y que garanticen el bienestar de los pueblos y la seguridad colectiva de sus habitantes…». (Art. 153).
¡No hay sorpresas! Tenemos un mandato histórico y tenemos un mandato constitucional. De allí que el presidente Hugo Chávez, siguiendo además el sentimiento del pueblo venezolano y por qué no decirlo, también de otros pueblos de nuestro continente con sus gestiones y su compromiso intenta llevar a cabo acciones para tratar de seguir liberando a retenidos por las FARC y propiciar la paz para Colombia. Ya van nada más y nada menos que siete (7) liberados. ¿Nos parece poca cosa ese logro?
¿Por qué entonces acudir al asesinato de Raúl Reyes el principal negociador de las FARC en el proceso de canje humanitario justo cuando se buscaba un camino para la liberación de Ingrid Betancourt y otros retenidos? ¿Qué se podía perder si se seguían multiplicando las lágrimas de alegría por parte de los liberados y sus familiares? Si se avanza en el camino de la paz ¿quién pierde? Creo que nadie, más bien todos ganan. ¿Quién deja de percibir beneficios económicos si los colombianos comienzan a ver la paz? ¿Cómo se verán afectadas las fuerzas vinculadas con los paramilitares y narcotraficantes si el caos comienza a desvanecerse?
Afortunadamente las naciones de América Latina han reaccionado contra un hecho que no contribuye en nada al avance de un proceso en el cual inexorablemente debe triunfar la paz.
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