Escrito por: Por Niko Schvarz Periodista
El martes 26 de febrero Televisión Nacional Canal 5 recordó en un breve espacio el 160º aniversario de la publicación original del Manifiesto Comunista de Marx y Engels. Pudimos apreciar la carátula de la primera edición alemana, estampada en caracteres góticos, los manuscritos con sus borrones y tachaduras, imágenes de época de los autores.
Esa nota, muy bien estructurada, me hizo retrotraer a 10 años atrás, cuando concurrimos a París en 1998 con Juan Grompone y Daniel Olesker a la celebración de los 150 años del Manifiesto. Tres años antes yo había acompañado nada menos que a José Luis Massera al lanzamiento, también en la capital francesa, de Actuel Marx, un movimiento que se proponía defender la vigencia del pensamiento marxista y la necesidad de su renovación incesante. Como corolario organizamos en Montevideo al año siguiente (1996) el Encuentro sobre Vigencia y renovación del marxismo, que tuvo lugar en el Cabildo y en la Facultad de Ciencias Sociales, editamos las múltiples y variadas ponencias presentadas en el libro “Marx Hoy”, al tiempo que publicamos una serie de folletos sobre el tema y ocho números de una revista titulada no por azar Tesis XI. A esto hemos hecho referencia en alguna ocasión.
Del último encuentro, el de 1998, ha quedado como testimonio un libro que editamos los tres participantes uruguayos con una hermosa ilustración de tapa de Ramiro Alonso bajo el título: “150 años del Manifiesto Comunista. Recopilación de documentos y comentarios actuales”.
Esto es lo que deseo revivir ahora, por una razón fundamental. El libro comienza por reproducir este texto fundamental, una de las más relevantes creaciones del espíritu humano de todos los tiempos. Pero que hoy prácticamente no se encuentra en nuestro medio. Y le agregamos todos los prólogos, que de hecho forman parte del texto y lo modifican parcialmente, en una demostración de rigor intelectual y de que el marxismo lleva en sí mismo los elementos de su propia superación, a la luz de la práctica histórica y de la actividad consciente de los hombres. Contra la costumbre, insertamos esos prólogos después del Manifiesto en sí, para respetar el orden cronológico.
Siguen varias ponencias presentadas al coloquio por autores de la talla de Eric Hobsbawm (“El Manifiesto Comunista”) y Samir Amin (“Capitalismo, imperialismo, mundialización”), seleccionadas entre varios cientos que completan 13 grandes cuadernos y que conservo en la biblioteca.
Nos permitimos incluir nuestros propios aportes: dos de Grompone (“Marxismo, tercer acto” y “Sobre la dinámica de las clases en el Manifiesto”), uno de Olesker (“¿Cuáles clases? ¿Cuál revolución?”) y uno mío sobre “Socialismo y democracia”. La nómina de los trabajos presentados ocupa 26 páginas.
En una introducción nuestra se destaca que este encuentro, preparado por un Comité Internacional de Auspicio amplísimo que integró José Luis Massera, reunió 1.500 participantes, de los cuales 520 provenían de 66 países de todos los continentes, para constituirse en la reunión de mayor amplitud conocida en ese ámbito.
Allí se nucleaban las diversas corrientes del pensamiento progresista en una respuesta colectiva al intento del pensamiento único de adueñarse del mundo de las ideas. En las sesiones desarrolladas durante cuatro días en la Bibliothèque Nationale, la Sorbonne y dos barcos surtos en el Sena se debatieron cuatro temas, cada uno subdividido en varias mesas: “El comunismo, un espectro que asedia…la historia”; “Las aguas heladas del cálculo egoísta”; “Una inteligencia teórica del conjunto del movimiento histórico” y “Un mundo a ganar”. Guardo un recuerdo muy vivo de la riqueza de los debates y polémicas que al respecto se desataron.
Siento que este libro (del cual conservamos un lote de ejemplares) ha vuelto a adquirir una palpitante actualidad.
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