¿Gandini versus Astori?: debatir un nuevo modelo de sociedad

Mares de tinta y miles de minutos en las emisoras se están gastando en analizar el procesamiento de Juan Carlos Bengoa. La población del Uruguay, al parecer, debería contentarse con mirarlo por televisión, incluida la interpelación al ministro de Economía.-

Nadie encontrará que los actores, los dirigentes del Frente Amplio, realicen un intento serio de ir al fondo de la cuestión. Dice «El Observador» en su edición del 13 de febrero: «El encuentro comenzó a las 10 de la mañana y terminó cerca de de las seis de la tarde. Pero bastante antes del final se supo que no pasa por una divisa, ni por un modelo de sociedad, la distancia fundamental que separa a Astori del diputado Gandini».

Entre tanto palabrerío acusatorio, defensivo, una punta para un análisis objetivo, socialmente revolucionario, sobre superficie y fondo del debate. Casi 8 horas en las que el Frente Amplio se coloca a la defensiva, sin la audacia para cuestionar y anteponer un proyecto distinto a la vieja institucionalidad heredada. Es el ministro Astori el que acusa: «El diputado no cree en las instituciones…». Por oposición, es Astori quien defiende la institucionalidad del sistema.

Una vieja, corrupta y degradación institucional es la que asoma la cabeza por detrás de la crisis en Casinos. No excluye la responsabilidad personal de J.C. Bengoa y otros. Se movieron con las reglas del sistema, que incorpora beneficios a privados, si son parientes o amigos, mejor.

¿El Estado debe intentar recaudar promoviendo el juego? En cambio, es posible –sobre todo con los recursos técnicos actuales– gravar con precisión la concentración de la renta, cuando de forma satelital se conoce hasta la cantidad de granos que se producen. Danilo Astori admite que los Casinos municipales dan pérdida, pero no atina a sugerir que representantes de la sociedad organizada, junto a los trabajadores, intervengan en el control y la proyección del negocio estatal del juego, mientras exista.

Ni Astori ni Gandini interpelan al sistema. Tampoco lo hace la Federación de Trabajadores del Juego, ni el PIT-CNT. Sin embargo, a pesar del ninguneo mediático, la sociedad va entendiendo que son problemas estructurales, más allá de que casi todos participen de la hoguera en que se vienen cocinando Bengoa y otros. Gandini dice que hubo un mejor administrador, el socialista Kreimermann; Heber agita un librito escrito oportunamente por periodistas de «Brecha». El carcomido aparato estatal del sistema, que ofrece controladores sobre controles, ha fracasado, estrepitosamente, de nuevo, en defender los intereses del Estado y la comunidad. Esto no significa carencia de responsabilidad del gobierno municipal. La responsabilidad permanece siendo la de remover la privatización del Estado. El Estado puesto al servicio de los privados.

No se osa, cuando escasea leche en las góndolas o alimentos proteicos básicos son inalcanzables para la población, cuestionar la carencia de una estrategia del gobierno que defienda la alimentación equilibrada de todos los uruguayos. Pocos hablan de que el objetivo de un gobierno progresista no es sólo el empleo, cuando este se traduce en superexplotación, sino del empleo de calidad, madre y padre de todo avance social sostenible, equilibrado. Ocho horas de debate sin consecuencias, para muy poco

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