Otra interpelación y van…
El ministro de Economía está siendo blanco predilecto de los ataques de la oposición. En menos de un año, debió concurrir al Parlamento en tres oportunidades, llamado o interpelado por diversos parlamentarios que pretendieron desnudar sus contradicciones, poner en evidencia sus supuestos yerros y dejarlo sin respuesta. Claro está que el contador Astori es un temible polemista que cuenta con sólidos recursos dialécticos, por lo que sus comparecencias ante las Cámaras legislativas no surtieron el efecto deseado por los interpelantes.
Las dos primeras a que hacemos referencia tenían por objeto cuestionar aspectos de la reforma tributaria, una compleja obra de ingeniería impositiva que la oposición se empeñó en demoler sin éxito hasta ahora. En ambas oportunidades, fue Danilo Astori quien se encargó de demoler la argumentación opositora y rebatir uno a uno los cuestionamientos a la política económica del gobierno.
Sin embargo, la última instancia ocurrida el pasado martes 12 no tuvo por objeto indagar sobre alguna cuestión puntual, inquirir sobre un mal resultado o cuestionar decisiones ministeriales. Aunque parezca mentira, Astori fue convocado a la Comisión Permanente por el diputado Gandini para conocer su opinión sobre el ex jerarca de Casinos hoy procesado por la Justicia Penal. Obviamente, el pretexto oficial no fue ése, sino que el ministro explicara la situación de los Casinos del Estado, pero en rigor, en última instancia, el propósito no confesado del Partido Nacional no era otro que obligar a Astori a un pronunciamiento público sobre el ex jerarca Bengoa.
Es que blancos y colorados ven con alarma los éxitos obtenidos por el gobierno en materia económica, tanto en los macroindicadores como en los indicadores sociales, que hablan claramente de una mejora de la actividad y de la capacidad de consumo de la población. Los logros en el campo económico significan una clara amenaza a las pretensiones conservadoras de reconquistar el gobierno en las próximas elecciones.
La razón de la convocatoria no fue pues sino un intento de hacer trastabillar al ministro, invocando un asunto traído de los pelos, de modo de desprestigiarlo o de manchar su imagen.
Creemos que Astori no entró en el juego de la oposición y salió bien parado del trance. Eludió con inteligencia pronunciarse sobre los temas urticantes planteados por el interpelante, aduciendo la necesidad de no interferir con la acción de la Justicia. Y la bancada oficialista actuó acertadamente al adherir y apoyar con su voto masivo la moción presentada por el nacionalismo.
Siempre hemos defendido contra viento y marea la independencia del Poder Legislativo y sus potestades. Sabemos que, además de la tarea puramente legislativa consistente en elaborar, discutir y aprobar leyes, el Parlamento tiene «la sagrada misión de desconfiar», como lo recordó el senador Heber en determinado momento de la sesión.
Esa función del Parlamento es la mejor garantía contra los posibles desbordes del Ejecutivo, y entendemos que es buena cosa que los legisladores de la oposición ejerzan ese derecho de forma irrestricta. Pero nos parece una pequeñez usar esa potestad con fines espurios de baja política.
El debate político que debe darse en general y en el ámbito parlamentario en particular tiene, necesariamente, que procesarse en un cierto nivel, donde se discutan y analicen cuestiones de alta política con rigor y con honestidad intelectual, con respeto por el adversario y con humildad, de modo de desmenuzar los planteos, cuestionar los puntos de vista, y arribar a conclusiones valederas.
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