Promoción del turismoPor Julio Guillot
Durante mis vacaciones estivales pude enterarme con asombro de la alarmante cantidad de accidentes de tránsito con víctimas fatales que se produjeron en el correr del mes pasado. Todos los canales informaron prolijamente de los tortazos ocurridos, deteniéndose morbosamente en detalles sanguinolentos, como no podía ser de otra forma.
Pero lo que me llamó la atención fue la amplitud de la cobertura que dieron los canales a uno de esos accidentes en particular. Me refiero al ocurrido cerca de José Ignacio en el que murieron los ocupantes de una moto.
Luego todo se aclaró cuando me enteré de que la trascendencia dada por los medios al luctuoso episodio se debía a que el conductor del automóvil que causó el accidente era el relacionista público argentino Gabriel Alvarez (Gaby para los íntimos). ¡Pero claro, todo se explica! ¡Cómo no informar detalladamente del hecho y reiterar una y otra vez las imágenes que mostraban el auto entre unos arbustos y la moto deshecha sobre la carretera, siendo que el conductor era un famoso! Sí, uno de los integrantes de la farándula porteña que engalanan y dan lustre a nuestro principal balneario. Por eso, de los pobres ocupantes de la moto (también argentinos pero no famosos) que en un instante vieron clausurarse sus expectativas de veraneo y sin solución de continuidad traspusieron la frontera entre la vida y la muerte, poco o nada se informó. Todavía nos falta un buen trecho para que el Uruguay llegue a tener resonancia internacional como consecuencia de la muerte de una celebridad en un accidente de tránsito. En ese sentido, los franceses siguen ostentando el máximo galardón luego de que la desdichada ex princesa Diana de Gales (Leididí para los íntimos) hallara una terrible muerte en uno de los túneles parisinos.
Una conmovedora historia de pasiones y desencuentros amorosos protagonizados por la ex esposa de Charles no pudo llegar a tener el final feliz que las gentes imaginaban, y la pobre Diana terminó sus días junto a su novio y el chofer entre los hierros retorcidos del automóvil. Supongo que el responsable de la oficina de Turismo del municipio de París ha de haberse frotado las manos ante esa nueva atracción para los visitantes de la Ciudad Luz: peregrinar hasta el lugar del accidente para dejar caer una flor y un lagrimón. Pero en fin, a no desesperar. Si todavía no tenemos un muerto ilustre en accidente carretero, por lo menos tenemos una celebridad que causó un accidente y está actualmente en gayola por homicidio culposo; porque parece que estaba en pedo y falopeado, y manejaba a 130 por hora.
Pienso yo que, tratándose de un famoso miembro del jet-set rioplantense, los jueces deberían haberse mostrado un poco más indulgentes a la hora de castigar un extravío, un pecadillo explicable y perdonable, dado el prestigio social del individuo de marras.
El asunto es promover el turismo, ¿o no?
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