Desaparecidos del "Valiente": la misma insensibilidad de las jerarquías

El «Valiente» vuelve a ser noticia. En rigor, nunca dejó de serlo por más que el gobierno (el Presidente, el ministro y la Armada) trató de que se olvidara prontamente el trágico episodio. El olvido parece ser la panacea para superar los traspiés y todo aquello que de una manera u otra incomoda al sistema.

Exactamente el mismo comportamiento que los gobiernos democráticos posteriores al interregno dictatorial han exhibido ante los reclamos de investigar lo ocurrido con las víctimas del terrorismo de Estado, es el asumido hoy ante las víctimas (muertos y desaparecidos) de la impericia o negligencia de la Armada.

Mejor es no meneallo, parece ser la consigna. No tener ojos en la nuca, es lo aconsejado por la prudencia. Olvidar todo y, sobre todo, no remover. Que los familiares de los marinos desaparecidos tengan o no tengan la posibilidad de sepultar los cuerpos de sus hijos y hermanos es indiferente para la sensibilidad gubernamental.

De acuerdo con el reclamo de madres, padres y hermanas, parece claro que la Armada está actuando de una manera que podría calificarse, por lo menos, de prescindente. Ocultar y callar son verbos que las autoridades conjugan con toda corrección cuando su imagen está en tela de juicio o cuando arriesgan recibir la condena moral de la sociedad. Olvidan que cuando se vive en democracia, la población exige –porque es su derecho– que se investigue, saber la verdad, y que se cumpla con lo prometido.

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