Para no ser vencidos
El 5 de febrero de 1971 nació en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo el Frente Amplio. En la conformación de la coalición estuvieron representantes de las corrientes marxistas de la izquierda, de la democracia cristiana, del batllismo y del nacionalismo, así como ciudadanos independientes.
A ese momento se llegó luego de largas e intensas luchas de los trabajadores y universitarios, que permitieron ir acumulando fuerzas y logrando entendimientos entre los distintos sectores.
Con el nacimiento del FA comenzó una nueva época en el país, porque desde ese mismo momento comenzó la erosión electoral de los partidos tradicionales, que se trasformaron con el paso del tiempo en verdaderas cáscaras vacías.
A pesar de los esfuerzos del Frente y la Convención Nacional de Trabajadores para impedir el quiebre institucional que se produjo el 27 de junio de 1973, el país sufrió once años de una dictadura cruel, cuyas consecuencias aún son herida abierta a pesar de los avances inmensos que logró el gobierno de Tabaré Vázquez en materia de derechos humanos.
La etapa posdictadura mostró a una izquierda pujante, creadora, con creciente anclaje en los más amplios sectores populares y democráticos de nuestra sociedad. Fue en 2004 que el Frente Amplio ganó las elecciones nacionales y ocho intendencias. El progresismo ganó así a la mayoría de los uruguayos, quienes vieron la posibilidad de cambiar las formas de gobernar y realizar transformaciones reclamadas desde muy lejos por militantes políticos y sociales.
Hoy esas transformaciones se están desarrollando con profundidad, pero no siempre con el ritmo que la gente esperaba, aunque hay avances sustanciales en materia de derechos humanos y laborales, se ha superado la crisis financiera de 2002, la Salud está en plena transformación, la redistribución de la riqueza ha mejorado con la aplicación del IRPF, mientras que el poder adquisitivo de la población mejora y se reducen sustancialmente los insultantes niveles de pobreza.
Existe en la dirigencia frenteamplista y en sus bases el más firme convencimiento de que la transformación que reclama el país necesitará de un nuevo gobierno de la izquierda, para volver más impetuoso el proceso de cambios.
Se entiende, a la vez, que en caso de que uno de los dos partidos tradicionales recupere el gobierno, sería la restauración de las viejas políticas neoliberales que dejan librado el destino de los uruguayos a la suerte del mercado.
Ante esta situación de tensión entre quienes quieren que se sigan procesando los cambios y quienes buscan la restauración, los desafíos de la izquierda se acrecientan con miras a las elecciones nacionales de 2009, desde el momento que el doctor Tabaré Vázquez ha dejado en claro que no va a recorrer el camino de su reelección.
En pocos meses el Frente Amplio tendrá que resolver quién es el presidente de la fuerza política y cuál es la fórmula presidencial para los próximos comicios. Estas tareas nada sencillas se tendrán que resolver mientras se sigue gobernando y llevando adelante las transformaciones, estando aún en la agenda de este año la reforma del Estado y la de la Enseñanza, entre otras.
Para cumplir con éxito este desafío el Frente Amplio deberá recurrir a las energías de las multitudes, así como a la serenidad e inteligencia de su dirigencia, que en los últimos dos años no ha estado a la altura de sus responsabilidades.
Una vez más, como en 1971, la izquierda y el progresismo tienen la responsabilidad de potenciar la unidad del pueblo, porque esa es la única forma que tienen para no ser vencidos.
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