Las secuelas de gobiernos cívico-empresariales
El gobierno del Frente Amplio ha estado llevando adelante un sinnúmero de reformas a todo nivel en el país que «han movido las raíces de los árboles». Con la lectura del diario del lunes resulta sorprendente lo errada que había sido la interpretación que le dio la derecha vernácula (no así el gobierno de EEUU) a esta afirmación.
Evidentemente, imaginaron cualquier cosa: niños a Cuba, seguimientos, persecuciones, escuadrones punitivos, totalitarismo, socialismo y varios ismos más. Vaya uno a saber qué creyeron que significaba ese anuncio de Tabaré Vázquez durante la campaña electoral. Lo que sí se puede afirmar es que nunca supieron entender a la izquierda, su forma de pensar y sus mecanismos de funcionamiento, y hasta ahora no han dado muchas muestras de haber comenzado a hacerlo, por lo que peligra claramente su desesperada necesidad de hacerse con el gobierno nuevamente.
Parecería que recién ahora, cuando esas reformas comienzan a tomar forma, la oposición tiene una idea más cabal del significado de la frase del actual Presidente del país. Es que ahora se comienzan a sentir en los bolsillos y en el orgullo dos conceptos fundamentales: que más allá de que a muchos empresarios les vaya mucho mejor de lo que se habían imaginado, se encuentran con que ahora hay que pagar impuestos (todos debemos hacerlo), poner la casa en otras condiciones y, por sobre todo, que se está poniendo fin al statu quo que perpetuaba la existencia de hijos y entenados.
Existe en nuestro país un grupo de gente que ha estado gobernándolo desde sus nacientes. Ello les generó un concepto erróneo, asimilaron el Estado a sus necesidades e intereses, en los hechos han actuado como si «l`état c`est moi». Ahora resulta que los trabajadores quieren, al igual que en el mundo desarrollado, ser respetados en su sindicalización, en sus salarios, en sus derechos (reconocidos mundialmente) a luchar por mejores salarios, mejores condiciones de trabajo, respeto a la sindicalización, a sus dirigentes, 8 horas de trabajo, igualdad de género y muchas otras cosas más. Se trata de una larga lista.
Todo este reacomodo que ha propiciado el gobierno, que no va más allá de instaurar y hacer cumplir los acuerdos que nuestro país ha firmado en la OIT, al no haber sido respetados nunca, han generado protestas. Ello es natural, todo cambio lo genera en cualquier grupo humano. Pero lo curioso no es la reacción de los empresarios, sino la de algunos empresarios. Porque, así como se reconoce el derecho de los trabajadores a defender sus intereses, es legítimo que los empresarios puedan gozar de las mismas posibilidades. Sin embargo, algunos grupos enquistados en la dirección de algunas cámaras empresariales han reaccionado con aquella indignación propia del «l´état c´est moi». No es de extrañar, era esperable. Es más, parecería que se están haciendo las cosas tan bien, que han comenzado a perder los estribos. El presidente de la Cámara de Industrias criticó recientemente el funcionamiento del Parlamento (¿ahora es comunista?), y sostuvo que estamos siendo gobernados por un gobierno cívico- sindical. El señor Balestra perdió el norte en su desesperación, acostumbrado a vivir y trabajar en los gobiernos cívicos- empresariales que nos precedieron, donde todo valía contra el trabajador no encuentra acomodo.
Lo va a tener que hacer cuando comprenda que su cargo no otorga pase libre para cuestionar el Parlamento y hacer política (sí, señor Balestra, usted está haciendo política partidaria). Esta postura nos lleva a preguntarnos qué representatividad tiene. En realidad, su Cámara cuenta con bastante menos de 1.000 afiliados (de los que muchos no opinan como él) , lamentablemente desconocemos con cuántos votos fue electo ya que nunca se informó, debe ser una información privada. La apelación al señor Balestra desde estas páginas es que haga toda la política que entienda que deba hacer, pero en donde se debe, y no aprovechando espacios públicos que no son para ello. Pero, sobre todo, que respete la institucionalidad, llámese Parlamento o Poder Ejecutivo.
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