Reconocimiento a un buen administrador del Estado
Guillermo Chifflet
En el análisis de cada ley de Presupuesto, los legisladores podemos informarnos y conformar opinión acerca de la realidad de diversos organismos, así como de la gestión de sus directores. En mis apuntes sobre la ley que pasó al Senado –tomados de entrevistas con asesores, delegaciones y de las actas de la Comisión– anoté diversos hechos que por referirse a alguien que no integra mi organización política siento que puedo, con cierta mayor autoridad, destacar. Se trata de la gestión del doctor Carlos Cassina en el Banco de Seguros del Estado. Por razones de espacio, señalaré sólo algunos aspectos.
«En los noventa años de la historia del Banco debo de ser el único presidente que no ha incidido en la designación de funcionario alguno. Ni uno solo. Y este esfuerzo debió hacerse porque era necesario reducir los costos del Banco para que siguiera siendo viable, y lo ha sido». Esta afirmación del doctor Cassina ante la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Representantes merece, a mi juicio, un destaque especial. En un medio político en el que se han denunciado, por citar sólo un ejemplo, el ingreso (antes de que finalizara la última administración) de casi trescientos recomendados políticos en Antel sin que ninguno de los «acomodadores» denunciados por el sindicato del ente se diera por aludido, se trata de una conducta excepcional. Sutel aportó toda la información sobre los designados y acerca de qué políticos participaron en esos ingresos por la ventana. Personalmente, obtuvimos 286 nombres. No los publicamos porque la arbitrariedad de esas designaciones no es culpa de quien ingresa por la ventana (sobre todo en tiempos de extrema escasez de trabajo) sino de quienes abren la ventana.
Pero debo destacar otros hechos. Al aprobarse la desmonopolización del Banco de Seguros, el 24 de julio de 1995, esa institución atravesaba una situación delicada. De golpe, debía salir a competir desde una estructura preparada para una situación de monopolio y actuando (en un régimen de derecho público) frente a empresas de derecho privado, lo que supone costos radicalmente distintos. Aunque el Banco contaba con 2.400 funcionarios, el doctor Cassina no tomó por el camino más simple –el de los despidos, como ha ocurrido en tantos organismos públicos y privados– descuidando el aspecto humano. Por el contrario, optó por no dejar a nadie sin trabajo. Y aunque los salarios de los funcionarios de los bancos del Estado son más decorosos que los que pagan las empresas de seguro privadas, no se lanzó trabajadores a la desocupación, que en los tiempos que corren es decir a la exclusión. Se optó por no hacer designaciones, suprimir vacantes y como, además, cierto número de funcionarios se jubiló, la cifra del personal se redujo en 700 puestos (de 2.400 pasó a 1.700).
El Banco tuvo que bajar las tarifas de seguros de automóviles, que representaban el 50% del primaje que percibía. Su personal debió lanzarse a la competencia sin tiempo material para prepararse, debido al escaso período que medió entre la sanción de la ley, el dictado de la reglamentación, la creación de la Superintendencia de Seguros y Reaseguros y la efectiva apertura del mercado. Pero llevó adelante un proceso de mejora de gestión. (Con esa finalidad contrató a la Universidad de la República que realizó un diagnóstico, y convocó luego a una licitación internacional adjudicando a una consultora los estudios para una mejora de gestión). El Banco perfeccionó la estructura de negocios y, en una política de compromiso con las necesidades nacionales, lanzó nuevos productos al mercado. Entre ellos el seguro de créditos a la exportación, o nuevos seguros para el sector agrícola frente a exceso de lluvias, temporales, heladas, granizo, etétera. Se organizaron también seguros de ahorro, o un seguro que, por medio de una sobrecuota de asistencia médica de siete dólares permite contar con la posibilidad de intervenciones quirúrgicas en centros de primer nivel del exterior.
Hay múltiples aspectos más a destacar. Sólo sintetizo algunos: ya en el 96 el Banco comenzó a tener superávit. Se tuvo especial cuidado en la disminución de costos (entre ellos los viajes al exterior) y en que las designaciones de técnicos imprescindibles se realizaran por concurso. El Banco tiene hoy el 80% del mercado, porcentaje único en el mundo, en cualquier sector donde exista mercado abierto. Esta empresa pública puede jactarse de que ninguna empresa de seguros ha estado tan a la vanguardia en el lanzamiento de nuevos productos. (Deberíamos señalar, aunque sea de paso, que si se aprobasen algunos artículos enviados por el Poder Ejecutivo en el proyecto de ley de Presupuesto pesarán negativamente sobre funcionamiento del Banco). Pero lo que me ha interesado destacar es una administración ejemplar, al frente de la cual ha estado el doctor Carlos Cassina, que ni siquiera por esos méritos –que muchos reconocemos– fue consultado sobre las disposiciones proyectadas. Y hay algo más, que motiva este planteo público. Cuando todos, creo que sin excepción, desde todos los Partidos, reconocemos en el doctor Cassina, una excelente gestión, nos enteramos que se le sustituye. Mi crítica al hecho no significa juicio alguno sobre quienes le seguirán en su gestión. Pero creo, sinceramente, que al no «condenarse» al doctor Cassina a seguir en la misma tarea, los Partidos no demuestran grandeza. Podrán quitarle trabajo. Pero no le hacen bien al país.
* Diputado socialista EP-FA
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