El marxismo. El sistema capitalista

Con los viajes europeos de exploración y conquista del siglo XVI nace el sistema económico mundial bajo pautas mercantilistas, correspondientes a la fase comercial del capitalismo. Hasta el siglo XV inclusive las relaciones entre los pueblos son accidentales y esporádicas. Pero a partir de que los conquistadores y colonizadores vinculan el Nuevo con el Viejo Mundo, la historia de un país o de una región es parte del proceso económico y político global.

Marx y Engels aportan al concepto de sistema pero no consiguen una elaboración teórica del funcionamiento de éste en su totalidad; y es posible encontrar diversas interpretaciones en pasajes dispersos de sus obras. Más aún, generalizan el desarrollo del capitalismo a nivel mundial como una extensión de las características de los países de Europa. «El país que está más desarrollado industrialmente muestra únicamente a los países menos desarrollados la imagen de su propio futuro».(El Capital). Pero no será así: como no llegan a estudiar al imperialismo no comprenden que los países atrasados no llegarán a ser capitalistas desarrollados debido a la deformación que las metrópolis les imponen. Lenin, Rosa Luxemburgo y otros desarrollan este El sistema analiza las relaciones entre diferentes sectores de la economía, o entre diversas unidades productivas, a nivel nacional, regional, o mundial. Puede incluir modos de producción diversos. Se asienta en una compleja división social del trabajo, y en múltiples procesos de producción unidos entre sí por el mercado, fruto de la expansión del capitalismo comercial europeo. Muestra una estructura jerarquizada, con metrópolis en posición central, colonias periféricas, y entre ellas, naciones intermedias, casos de España y Portugal. Europa es el eje del sistema cuya unidad estriba en el desarrollo desigual, en el flujo constante de capitales de la periferia al centro, donde se acumulan y sirven de pilar de la Revolución Industrial. La relación se sustenta es el sometimiento político y económico de las colonias. El sistema deviene claramente capitalista en el siglo XVIII, adopta formas más acabadas a fines del XIX y principios del XX, y se mundializa más hondamente en las dos o tres últimas décadas. Se trata de una economía de intercambio, fundada en la búsqueda de la ganancia y en el mecanismo del mercado, vuelta más compleja por la aparición de medios técnicos más perfeccionados y la adopción de criterios liberales. Se afirma como un sistema de redes, organizadas jerárquicamente, dentro de las cuales hay países que se especializan en una o más actividades. Puede representarse también como las dos caras de una moneda: la de los países imperialistas y la de los países sometidos al imperialismo

El ensanchamiento del mercado es una constante del sistema. Mercado urbano durante la fase de capitalismo mercantil, deviene mercado nacional y finalmente mercado mundial. El mercado nacional aparece inicialmente con la unidad económica, política y jurídica de Portugal, España, Francia Inglaterra y Holanda. Los feudos son reemplazados por estados centralizados que permiten intercambios entre regiones. Las trabas jurídicas (aduanas interiores) y materiales (insuficiencia de vías de comunicación y de medios de transporte) durante siglos estorban estos intercambios. Pero desaparecen con las revoluciones burguesas de Holanda, Inglaterra y Francia (siglos XVII y XVIII), el triunfo generalizado de las ideas liberales, y ya en el siglo XIX con el desarrollo de comunicaciones como canales y las vías férreas.

El mercado internacional nace con los grandes descubrimientos (siglos XV y XVI) que abren al comercio nuevos mercados, vías de comunicación y fuentes de abastecimiento. Los transportes, limitados mientras la navegación es a vela, se incrementan bruscamente con la navegación de vapor, luego de la primera revolución industrial; un segundo empuje les vendrá de la apertura de las grandes vías intercontinentales (Suez, Panamá) y de nuevas formas de utilización de la energía obtenida de los derivados del petróleo a fines del siglo XIX. En ese momento, cada metrópoli acrecentará sus intercambios con el exterior y su producción en proporciones desconocidas, con el riesgo de la ‘epidemia de la sobreproducción’. Ya en el siglo XX Inglaterra, Francia, Alemania, EEUU, Japón constituyen el corazón del sistema capitalista. La mentada ‘globalización’ actual no es más que la profundización de la circulación de mercancías y de capitales, de la organización de la producción y de tecnologías que rebasan los límites de países y regiones en beneficio de los centros dominantes. Por ende, el sistema se caracteriza por el ensanchamiento mundial y el carácter cada vez más complejo de sus formas de actividad, perfeccionadas con la aparición de medios técnicos, modos de organización y la adopción de un conjunto coherente de instituciones políticas, jurídicas y sociales aseguradoras del equilibrio económico en función del móvil dominante, la ganancia.

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