Los terribles datos de la realidad
Una lectura más o menos superficial del informe del Instituto de Estadística que se conoció el viernes –y del que LA REPUBLICA dio cuenta en su edición del sábado– devela con crudeza, con la frialdad de los números, el verdadero drama de la situación que vive el país. En este caso, las cifras son un reflejo fiel de la realidad; son reveladoras de una realidad denunciada desde hace ya tiempo y sistemáticamente negada, ocultada, tergiversada o minimizada por la dirigencia política frívola y conservadora.
Esta verdadera radiografía socioeconómica del país confirma –por desgracia– que el modelo impuesto por los Chicago boys vernáculos (fieles discípulos de las doctrinas emanadas de Mont Pélerin) puede fomentar un leve crecimiento pero genera una esencial injusticia social.
Cuando la ‘canasta familiar’ promedio (es decir el dinero que mensualmente necesita una familia tipo para cubrir sus gastos elementales) está situada en alrededor de quince mil pesos, resulta insultante –y sublevante– enterarnos de que en el 74 por ciento de los hogares uruguayos los ingresos mensuales son inferiores a esa cifra; dicho de otro modo, casi las tres cuartas partes de los hogares perciben menos de quince mil pesos por mes (!). Necesariamente, en esos hogares se deberá optar entre pagar la atención médica, por ejemplo, y hacer frente a una cuota para reponer un electrodoméstico. Es decir que tenemos una considerable mayoría de hogares que deben renunciar al consumo de ciertos bienes. Y esto vale para un número de hogares que constituye el 19 por ciento del total (aquellos que perciben ingresos entre diez mil y quince mil). Pero dentro de los que están por debajo de la ‘canasta’, hay un buen número (el porcentaje mayor del total de hogares uruguayos: 33,3%) cuyos ingresos se sitúan entre cinco mil y diez mil pesos por mes. Y conste que no se está hablando de sueldos sino de ingresos totales del núcleo familiar, vale decir la suma de los salarios aportados por los miembros de ese núcleo.
Ni qué hablar del 25 por ciento de hogares cuyos ingresos no alcanzan a cinco mil pesos.
También si miramos hacia el otro extremo –la cúspide de la pirámide social– nos encontramos con un panorama francamente desolador: sólo un 15 por ciento de los hogares tiene ingresos mensuales superiores a 20 mil pesos. Dentro de ese grupo, menos de la mitad supera los 30 mil.
Con estos datos fácil es comprender por qué el mercado interno uruguayo exhibe el comportamiento recesivo que todos advertimos.
Como puede notarse, la brecha escandalosa, cada vez más profunda, que separa a los beneficiarios del sistema de aquellos que él mismo excluye y margina no es un invento de mentes enfermizas ni es producto de un escepticismo básico propio de resentidos; y menos de ‘ideologías foráneas’. No. Se trata simplemente del resultado de un modelo perverso aplicado a conciencia, sin que ninguno de los neoliberales –ni el ‘viejo liberal’– vea alterado su plácido sueño.
Un sistema basado en el hiperconsumismo más desenfrenado bombardea permanentemente a la población con exhortaciones al consumo, al tiempo que niega sistemáticamente a una considerable mayoría los medios para acceder a él. Los mensajes publicitarios que nos incitan a cambiar el automóvil, a viajar al Caribe o a comprar el microondas y el freezer, van dirigidos indiscriminadamente a todas las capas sociales, incluso a aquellas que se hallan en el infraconsumo.
¿No habrá que ver en esa paradoja –que viene a ser una especie de burla feroz– uno de los factores que más han incidido en el aumento de la delincuencia?
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