Jamás ahorrar en la iluminación de nuestras calles (parte final)

Escrito por: Por Alberto Scavarelli  Representante nacional - Partido Colorado

Lunes 21 de enero de 2008 | 6:48
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La efectiva protección de esos aparentemente menores derechos humanos cotidianos y comunitarios, debe ser una constante de nuestro tiempo. Lo cierto es que desde el triste antecedente de la barbarie de aquellas violaciones de derechos humanos inalienables padecidas, como la vida y la libertad como grandes temas humanos, muchas veces se opacan en la democracia cotidiana, estos otros derechos básicos ciudadanos, que en su escala, también son derechos esenciales a salvaguardar, aun cuando lógicamente no sean comparables en naturaleza y valor con aquellos, cuya violación formó parte de la peor patología que una sociedad pueda vivir.

Superada aquella terrible etapa, estos otros derechos cotidianos básicos, son parte de nuestros derechos humanos cotidianos y comunitarios. Esos que tenemos el derecho a exigir se protejan adecuadamente, por el solo hecho de vivir en sociedad.

Estos derechos a la salud, a la tranquilidad, a la seguridad, a la vivienda decorosa, a la correcta alimentación, a una eficiente y objetiva educación de nuestros jóvenes, a la ayuda para enfrentar el drama de las drogas cuando golpea en las familias, a remediar el abandono de nuestros mayores, a la libertad de circular por nuestra calles y rutas sin el acecho de la muerte por accidentes evitables o por la acción de rapiñeros de todas las edades que ponen en riesgo la vida de los trabajadores, con controles y acciones suficientes, el bloqueo que nos impide el paso limitando el uso de nuestra libertad de circular, o el simple derecho a contar con semáforos en las esquinas, con contralores suficientes y sanciones justas; en fin, esos temas individuales que forman parte de otro estatus en la garantía y protección de derechos básicos que la sociedad democrática no debe dejar de esforzarse por garantizar al máximo posible y que cada día mas deben ser un objetivo permanente.

No es esta la tarea solamente de un gobierno de turno.

Es tarea permanente de toda sociedad, un compromiso, que cada gobierno nacional y local, debe cumplir acumulativamente hasta el máximo de su capacidad, y sobre el que siempre deberá rendir cuentas sobre su máximo esfuerzo realizado.

Estos temas que parecen menores, también forman parte del elenco -aun en otra escala- de nuestros derechos humanos en la comunidad.

No se trata de olvidar que hay gente que no tiene un techo firme sobre sus cabezas.

Su situación es una vergüenza para todos y so definitiva solución desde el trabajo, una prioridad absoluta, que debe afrontarse mientras se busca el progreso de todos como sociedad solidaria y realmente progresista, es decir una sociedad sin eslóganes que tiene al progreso humano como objetivo y tarea esencial, para vivir en paz y en solidaria libertad.

Se anuncia que no se afectará la iluminación pública “por ahora”. Desde ya debiera retirarse el “por ahora”, porque en esta critica situación de la seguridad publica no será posible hacerlo nunca, salvo una hipótesis de desastre energético nacional.

Aún cuando sea mas costoso producir energía por otros medios que no sean los hidroeléctricos, el servicio de iluminación publica deberá sostenerse, y porque todos sabemos que aun es insuficiente, deberá ser mejorada y mucho.

Estas son tareas básicas de todo gobierno nacional y local, y en su logro cuentan con el apoyo preocupado de la gente.

Pero es su deber dar respuesta a la dificultad, y esta no puede basarse en el incremento de su temor.

Se ha dicho que no se afectara el alumbrado publico “por ahora “, es bueno reiterar que debe sacarse el por ahora o informar desde ya un severo plan de contingencia, con efectivos de otras fuerzas vigilando la seguridad en las calles, en procura de asegurar un mínimo de tranquilidad, que por otra parte ya esta suficientemente jaqueada por un delito que no da tregua y que nos tiene en vilo.

Sabemos que estos son temas aparentemente menores y poco grandilocuentes, sobre los que no es posible hacer grandes discursos, y sin embargo deben ser objetivos permanentes de la acción política con mayúsculas.

Imponerse sobre otras novelerías que muchas veces no son más que una mera gimnasia política para hacerse notar -una confrontación por la confrontación misma, que como nos decía ese entrañable amigo que fue el vicepresidente Dr. Hugo Batalla- no es más que un simple fuego de artificio, de esos que en una noche de fiesta explotan con estruendo, dan luces de mil colores, pero al instante ya no dejan nada más que un espectáculo agotado en sí mismo.

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