La reelección

El senador Korzeniak, autoridad indiscutida en Derecho Constitucional, sorpresivamente, si la memoria no me traiciona, me examinó y aprobó con nota hace años en Facultad, jamás fue sustancialmente reeleccionista. Hoy, en cambio, amanece con esta iniciativa para plebiscitar en próximos comicios. Macanudo. Es obvio que cambiar de caballo en medio de las turbulencias del río, cosa a la que el Frente nos tiene acostumbrados, puede ser legítimo. Si cambiaron los efectos con el imperialismo yanqui y son notorias las «pasiones» con Bush y su Condoleezza a quienes admiran hasta el paroxismo sensual, bien se puede cambiar, es menos «grave» ideológicamente, el «fumarse» la Constitución alegremente. Máxime si tenemos en cuenta el drama interno del Frente en materia de candidaturas próximas. Vamos por partes. En el mundo ningún frente político se ha perpetuado en el tiempo. Sobre todo, si en el mismo hay una diversidad ideológica y hasta filosófica como en el uruguayo. Es muy difícil mantener unidad y coherencia en un mismo «tacho» a bolches, tupamaros, colorados, algún blanco, chinos, algún cristiano, anarcos, etc. Por supuesto, ha existido casos muy puntuales y específicos en que la personalidad fuerte de algún jefe logró aplacar los ánimos y ambiciones incluso legítimas de los sectores o grupos que aspiran al mando. Es humano y si bien los casos no son idénticos tienen un parecido cuasi mimetizante. A título de ejemplo la Yugoslavia de Tito, con toda la problemática mucho más agravada, claro está, de etnias, diversidades raciales, etc., sin perjuicio de las ideológicas latentes que existían y que sirven como punto extremo de referencia. Mientras el mariscal Tito vivió, se mantenía la unidad política, muchas veces violentamente, pero se mantenía. Murió Tito, y todo se fue al «carajo». Insisto, no es el caso uruguayo y su Frente criollo, pero hay cierto parecido. Y Korzeniak, hombre talentoso si los hay, se «prende» de Tabaré no sólo porque en la coalición mantiene, ¡ojo! por ahora, prestigio innegable, sino porque es el único con autoridad (¡a lo Tito!) como para parar «rodeo» interno a diario complicado. El presunto heredero, Astori, es notorio su «desinfle» y no sólo por defender irrestrictamente a Bengoa, que por supuesto le hace más fuerza en contra que una «yunta de bueyes», sino porque el Ministerio de Economía ya de por sí es impopular. De ese Ministerio difícil que salga un presidenciable. No se puede conformar a todos y se culmina con un «pueblo» puteando al ministro de turno. Y si por añadidura hace lo mismo que Bensión o Alfie imitando sus políticas, ¡peor! En términos turfísticos, ese «mozo» está «manco de la cuerda». ¡No corre! Arana como la ministra Muñoz, después de las distracciones y descuidos en los controles a Bengoa, a quien le firmaban hasta las tarjetas de Navidad, siempre en términos turfísticos, se pueden declarar «forfait» definitivamente. Resta Mujica. El verdadero «peso pesado». Sin duda tiene prestigio y particularmente con los estratos sociales más carenciados y desinformados. Dicho con el mayor decoro. Por supuesto, que el Pepe sabe, de tonto no tiene un pelo, que su imagen de «macanudo» populista no alcanza para ser presidenciable. Particularmente a nivel internacional. Por más «amansado» y amistoso que esté con el imperio yanqui, debe ser consciente de que la embajada de la calle Lauro Müller lo veta. ¡Y allí murió la flor! ¡Punto y aparte! O sea, sólo queda Vázquez en el gobierno y Larrañaga como opositor viable. El problema del Frente estriba entonces en el declive acelerado que está sufriendo, del que se va salvando «apenas» el propio Presidente. Encuestas mediante. Pero tarde o temprano, le puede y le va a tocar a Vázquez. O sea, por el principio o tesis de moda sobre la «responsabilidad cupular», donde el comandante en jefe debe ser responsable y saber lo que pasa «abajo». Bengoa, Nicolini, etc., en la campaña política, que será dura es obvio, lo van a «machucar». ¡Lo mismo que hizo el Frente! Nadie olvida las calumnias que jamás probaron, contra Larrañaga, por ejemplo! Dice el refrán: «las alegrías van por barrio». En puridad, es humano y natural que el Presidente quiera preservar su imagen evitando el manoseo reeleccionista. Y volver a candidatearse dentro del otro quinquenio sin cuestionamientos «gruesos» como ahora. La reelección no pasa por ser más que un manotazo desesperado ante el desmoronamiento paulatino del gobierno frentista. Con la desaparición de la mayoría directriz actual. Dramático pero real.

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