Cuidado que viene Reilly y te come

Durante años desde la izquierda se habló de dictadura «cívico militar», cuando se buscó caracterizar al gobierno de facto.

En cambio desde los partidos tradicionales, por parte de algunos sectores, sólo se habló de dictadura «militar», mientras otros apoyaban a los violadores de los derechos humanos.

Estas diferencias en caracterizar a la dictadura no son antojadizas, sino que tienen mucho que ver con los compromisos de los civiles, particularmente los políticos, con la democracia y las instituciones.

El intento de blancos y colorados por ocultar la participación de los civiles como sostén de la dictadura es para salvar a esas viejas colectividades políticas de sus responsabilidades con la democracia y la vida de los uruguayos.

La reciente polémica entre Pedro Bordaberry, hijo del dictador, y Luis Hierro López no hace más que mostrar que sí existieron compromisos de muchos civiles con la dictadura y que ellos siguen, por ejemplo, dentro del Partido Colorado.

Hierro debate con Bordaberry, pero no le explica a los uruguayos por qué los hombres colorados de la dictadura siguen dentro de esa colectividad política y aportan sus votos a los candidatos comunes y al lema partidario.

Nos referimos al mismo Hierro López, que intentó hacer callar al doctor Leonardo Costa porque participó de la elaboración de la reforma tributaria y la defendió públicamente.

Algo similar ocurre en el Partido Nacional, donde hay dirigentes que siguen defendiendo el terrorismo de Estado. Ayer Ricardo Reilly Salaverry, quien ocupara cargos de gobierno, se sacó la careta y se mostró tal como es en El País.

Luego de identificar al Partido Comunista –partido amigo de Wilson Ferreira Aldunate– y a los Tupamaros con ETA, el columnista se pregunta si es verdad o mentira el contenido del libro «Nuestra verdad», elaborado por el Centro Militar y el Centro de Oficiales Retirados de las Fuerzas Armadas, instituciones comprometidas con la dictadura como es de público conocimiento. Pero dice más, en claro apoyo a los militares golpistas: «Me consta que los soldados profesionales que un día fueron llamados a salir de los cuarteles para evitar que nuestro país se transformara en una isla castrista cumplieron su deber, como lo hacen ejemplarmente en las misiones de paz de las Naciones Unidas».

Esta es la diferencia: en la izquierda no hay nadie que haya participado del terrorismo de Estado y tampoco la hay para aplaudir a estos sectores que hoy están siendo juzgados por una Justicia independiente, dispuesta a conocer la verdad.

Sería bueno, si las autoridades de la enseñanza aceptan la recomendación –no deseo socavar la autonomía– , que esta columna de Reilly Salaverry se incorpore al análisis de la historia reciente, como una forma de defender la pluralidad de ideas en las aulas.

Debería ser incorporada en la Enseñanza Media, junto a los discursos de Juan María Bordaberry, Gregorio Alvarez, Aparicio Méndez, Juan Carlos Blanco, Federico Silva Ledesma, Jorge Pacheco Areco, Washington Craviotto y Pablo Millor, entre otros preclaros pensadores de la dictadura.

Se recomienda, a la vez, que estos textos no sean incluidos entre los niños en edad escolar, porque podrían provocarles graves alteraciones síquicas, como podría ser que comiencen a creer en la existencia en el Cuco y el infierno. No queremos que mañana en los hogares uruguayos se escuche: «Cuidado que viene Reilly y te come la patita».

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