Editorial: "Justicia Vs. Periodismo"
Es a través de la noticia y la opinión mediática cómo el hoy agigantado poder de la prensa busca incidir en la sociedad, enarbolando supuestos principios de «libertad informativa» y «veracidad» que, por lo menos en Argentina, insisten en un ejercicio de la información sin cortapisa y en la crítica como método de «independencia» y «liberación» ante el aparato de Estado, del que por razones legales depende en realidad la operación formal de los medios.
En medio de este «alud» de afanes «liberalizadores», los medios periodístico-informativos argentinos han instalado un tema crucial: la justicia. Por una instancia instalada a partir de un accidente en la vía pública que devino en una causa judicial, y la intervención de un «periodista» ávido de venganza, escribo este editorial.
Dicha causa tomó una velocidad inusual en el acontecer de la Justicia en Argentina. En síntesis, en el término de pocos días se citaron testigos, se ordenaron peritajes. Por supuesto, el juez interviniente actuó dentro del marco de la ley y de la justicia, que lamentablemente no es lo usual hace años en Argentina. ¿El accionar y como consecuencia la presión de este «periodista» habrán acelerado los tiempos de la Justicia?
El doctor Miguel Angel Pierri, letrado que me representa en esta causa con conocimiento inequívoco del accionar de la prensa en la Justicia, se negó sistemáticamente a no salir del marco del Juzgado, la causa y el juez como autoridad máxima, quien en definitiva decidirá el devenir de la causa, en este desgraciado suceso, marcó pautas para relativizar las operaciones de este periodista y sus acólitos. El accionar del doctor Pierri, que con sentido común, simplemente remitiéndose a la causa,dio prioridad con ética a la existencia personal y cultural de su defendido, en este caso yo, para lograr arribar en el rol asumido, en nombre de la justicia y la verdad, la defensa de quien depositó en él su confianza. Lejos de favorecer un debate amplio, propositivo e incluyente que retome casos judiciales concretos en aras de construir condiciones de evolución social (bienestar de los ciudadanos), casi todos los medios periodísticos optan por resaltar el lado superficial de casos judiciales «llamativos», acrecientan o minimizan la importancia de determinados casos en función de intereses personales y/o grupales, traducen su afán mercadológico en manoseo amarillista e, incluso, han llegado a eso que el Presidente de la República calificó como «apología de la violencia», un extremo preocupante que favorece ambientes inestables, de incertidumbre, incitación intolerante e inquisitoria cacería de «los diferentes», «los molestos» y demás «chivos expiatorios». La televisión ha sido el medio en el que se perfila mejor la «venta» de los temas de justicia como si fuesen productos de supermercado.
Así presentado, este panorama plantea a los analistas e investigadores de la comunicación la necesidad de aterrizar en el ámbito de la deontología el tema del tratamiento que los medios dan a los casos de justicia, toda vez que el amarillismo y la manipulación con que se les exhibe denota el claro predominio de poder (lograr un control social mediante el miedo). Considero útil tener en cuenta, en cuatro puntos con los que invita al ejercicio de la responsabilidad en la libertad, que la prensa no es ni poder ni contrapoder, que tampoco puede sustituir a la familia, a la escuela o a los poderes públicos como vehículos de transmisión de conciencia y que para contar con legitimidad, estos deben ser veraces ante el público y observar estrictamente los valores democráticos plasmados en el estado de derecho. Juristas, comunicadores y políticos han sostenido que conceptos como la «ética», la «responsabilidad informativa», la «publicación objetiva» de casos judiciales complejos y el «apego a la legalidad» en el manejo de las fuentes informativas son elementos de balanza, lubricantes de la difícil cohabitación entre la libertad de comunicación y el rigor jurídico de la independencia judicial.
En muchas ocasiones, los estrictos procedimientos de las instituciones judiciales provocan que los medios de información apelen al derecho a las libertades de opinión y difusión pugnando por que no obstaculicen su trabajo informativo.
La defensa legítima de la independencia judicial propicia también que los juristas consideren que la injerencia inapropiada de los medios dé pie a «juicios paralelos» no siempre convenientes en una correcta impartición de justicia.
La creciente proliferación de temas judiciales aderezados con sensacionalismo y amarillismo son un fenómeno que en Argentina no sólo tiñe de nota roja y «antiimpunidad» la estricta lógica mercantil de los medios, sino también es un reflejo de sentimientos sociales colectivos.
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