Algo más sobre la unidad de la izquierda
En mi nota anterior («Variaciones sobre la unidad de la izquierda», lunes 7), comentaba la contratapa de Constanza Moreira dedicada a ese tema, e incorporaba algunas conclusiones de recientes reuniones internacionales efectuadas en Brasil y en nuestro país. Nos referimos sobre todo a la caracterización del período actual como un cambio de época en América Latina.
Vale la pena recordar las conclusiones del reciente V Congreso del FA. Aunque pasó a intermedio hasta marzo, el punto de la inserción internacional y regional quedó laudado, tras intensa labor en la Comisión preparatoria que elaboró el documento base, discutido y modificado en la Comisión respectiva del Congreso y aprobado por el Congreso mismo. Bajo el subtítulo «Contexto latinoamericano», se establecen definiciones ceñidas que en buena medida se corresponden con los análisis de Constanza.
Allí se dice: «Debemos apreciar en primer lugar la magnitud de los cambios. La imagen del continente se transformó. En la década de los 70 padecíamos una sucesión de dictaduras militares, tras golpes de Estado promovidos por el imperio del norte. Ahora tenemos, además de Cuba, gobiernos de las fuerzas de izquierda y progresistas en la mayoría de los países (Uruguay, Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador, Argentina, Chile, Nicaragua, Haití y Guatemala». «Cambió también la caracterización social de estos gobiernos, con casos paradigmáticos como el obrero metalúrgico Lula o el indígena Evo Morales, llevados a la presidencia. Otras clases y otros sectores sociales arriban al gobierno con los votos de millones de ciudadanos».
«Esto se produce sobre la base de la unidad de los partidos de izquierda y progresistas. La unidad de la izquierda es una clave de la nueva situación política continental. Es la matriz de los cambios». «La política de la izquierda desde el gobierno ha generado beneficios concretos para la población, sobre todo para los grupos sociales más necesitados.
Ha devuelto la ciudadanía plena a amplios sectores antes excluidos. Por ende, ha consolidado y extendido la democracia, abriendo paso a nuevas formas participativas y directas. Ha defendido los Derechos Humanos en toda su extensión». Un punto fuerte y plenamente compartible del análisis de Constanza Moreira es la caracterización del Frente Amplio y su papel en cierto sentido señero como expresión de la unidad de todas las corrientes de izquierda, lo que transformó radicalmente el cuadro político uruguayo. No siempre se aprecia cabalmente que el FA llegó al gobierno en primera vuelta con el sistema de elección presidencial más antidemocrático del mundo, y que el Partido Colorado, dueño de todos los resortes del poder en más de un siglo y medio, por elección o golpe de Estado, solo o en coparticipación, quedó reducido a un dígito.
Con el agregado de que el Frente en modo alguno ha llegado al tope. Puede incorporar a su seno nuevos grupos o personas desprendidos de los partidos tradicionales y a ciudadanos independientes o jóvenes que votan por primera vez, para asegurar un segundo gobierno del FA. Lo que es plenamente posible a condición de conservar y reforzar su unidad, cimentada en un largo período de gestación. Miremos lo que pasa en otros partidos del continente.
Otros procesos que se analizan en la nota comentada están llenos de matices y contradicciones. Son bien conocidas las falencias en el caso argentino. La exclusión del PC chileno es un fenómeno contra natura, que deberá revertirse. En Bolivia surgió con gran fuerza el MAS en torno a Evo Morales, «en una mezcla del indigenismo con la cultura sindical de base minera», ganó en primera vuelta con 54% y hoy está a prueba en una situación de tensa confrontación.
Algo similar acontece con el Proyecto País de Rafael Correa en Ecuador, en pleno proceso de formación. En Venezuela, el Movimiento V República se consolidó originalmente en torno a Chávez y sacó de la escena a adecos y copeyanos que se repartían el poder desde el Pacto del Punto Fijo de 1958; hoy carecen de representación parlamentaria y tienen sólo 2 gobernaciones.
No obstante, esas y otras formaciones opositoras recuperaron fuerza y derrotaron a Chávez por primera vez desde 1998 en el referéndum del 2 de diciembre. El PSUV es un proyecto aún sin concreción definida, como se reveló en dicha instancia electoral. En síntesis, estamos ante un proceso vivo, en permanente mutación. Para el FA, afirmar su papel en la escena política como portador de las aspiraciones populares es no sólo un desafío en el plano nacional, sino latinoamericano.
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