Dicen que el Tano Lamónaca se fue
Ayer sobre el mediodía me enteré de que el Tano Lamónoca había fallecido y que ya habían sido sepultados sus restos. Me enteré tarde, a pesar de mi mala costumbre de leer primero las necrológicas, antes que las páginas políticas.
El Tano, –«Juulio», le decía Ana María, arrastrando la «u» cuando quería rezongarlo– fue un tipo especial, una mezcla de hombre sencillo con la inteligencia de un destacado siquiatra. Era, además, un bicho político sin cargos o sin responsabilidades, como se decía antes.
Aún lo veo ingresar a la embajada de México con una campera de cuerpo propia de un obrero de la construcción, con Rosanna llorando a grito pelado y en la barriga de Ana María a quien después se llamaría Vicente, en homenaje al embajador.
El Tano y Ana María fueron parte sustancial de nuestro exilio mexicano, donde en un comienzo bromeábamos sobre la posibilidad de poner un hospital siquiátrico en el Hotel Versalles, dado que nos sobraban los siquiatras y los locos (nosotros).
Siempre fue afectuoso, tierno, pícaro, solidario, irónico, capaz de hacerte reír en el momento más dramático, con esa fina ironía que sólo se lograba en la Asociación de Estudiantes de Medicina y en la UJC de la década de los 60.
El doctor Julio Lamónaca, el Tano, estuvo junto a mi esposa y yo cuando nacieron nuestros hijos, siempre haciendo bromas, dándole para adelante, como se dice ahora.
Las dos familias recorrimos varios kilómetros de México, juntos. Hace pocos días recordábamos con Silvia el día que fuimos a la Laguna de Zempuala, que estaba en la boca de un cráter.
A la vuelta, al Tano se le ocurrió mear, se bajó del auto, sacó el órgano masculino y comenzó a chorrear. Detrás una multitud nos puteaba en mexicano, en medio de una cola empinada de autos que querían volver al Distrito Federal después de la visita al volcán.
Ese era el Tano. Por momentos ingenuo, desprolijo, pero siempre inteligente y culto, capaz de debatir sobre Freud y Marx a la vez que disfrutaba de una simple anécdota. Era un enamorado de los libros, pero fundamentalmente un enamorado de la gente. En la diaria, con la gente, hacía siquiatría, pero no lo hacía notar.
Luego de México nos reencontramos en Montevideo. Nos vimos dos o tres veces, compartimos experiencias y problemas. Pero poco a poco nos fuimos apartando y fue así que nos dejamos de ver. Nos dejamos de ver por más de un decenio. ¿Por qué? Nadie lo sabe o por lo menos yo no lo sé como debería saberlo.
No quiero justificarme ante su esposa, hijos y nietos, esos chiquilines que recién sé que existen por los diarios, pero tengo una explicación que quizás la haya inventado para justificar ese alejamiento. Seguramente es un invento.
Es que el retorno del exilio no ha sido sencillo. Incluso algún día alguien escribirá sobre si no fue más difícil el retorno. Yo no lo voy a escribir. Lo juro. Y no lo haría porque soy imparcial.
El regreso fue trabajo y más trabajo, sufrimiento y más sufrimiento, sacrificio y más sacrificio, sueños ganados y sueños perdidos, además de colección de fracasos y pocas victorias. Fue buscar un lugar en la gran tribu, donde dejamos tolderías y nos incorporamos a otras. Y en cada tránsito de una toldería a otra fuimos dejando amigos, afectos, cachos de identidades.
En este transitar de una toldería a otra, no pudimos reencontrarnos con el Tano, con Ana María, Rossana y Vicente. No nos reencontramos, quizás porque no tuvimos el necesario estado espiritual para poner la pausa y así seguir andando. Juntos, como debió haber sido.
Desde hace mucho tiempo sé que el Tano estaba mal, pero no lo fui a ver. Esa es cosa de valientes y no cuenten con conmigo para ello. Soy, egoístamente, de los que prefieren recordar a la gente en la flor de la vida y no maltrecha por las señales de la muerte.
Dicen que el Tano se fue. Seguramente no estará en ninguno de los museos de la memoria, que como todos los museos son fríos, tristes, hasta oscuros. Julio Lamónaca estará en la vida, en el anecdotario, quizás en estas breves líneas. Julio se quedó, está ahí, en medio de los colores de la vida.
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