¿Quién miente, Uribe o las FARC?

En todo este sonado caso del niño colombiano nacido en la selva donde se mueven las FARC, hijo de una secuestrada y un guerrillero, de por sí un tema de difícil aceptación, aunque absolutamente innegable, las opiniones sobre lo acontecido señalan conclusiones totalmente disímiles.

Uribe queriendo buscar un rédito triunfal que de paso empañe la figura de su colega Chávez, afirma que las FARC mintieron a sabiendas de que el niño Emmanuel hace largo tiempo había sido devuelto a Bogotá, residiendo en la fundación «País Libre» bajo la tutela del Estado colombiano, instituto que, dicho sea de paso, alberga a casi 16 mil menores indigentes. «Las FARC mienten» ha afirmado el presidente Uribe, en tren de desprestigiar a la guerrilla marxista que lleva alrededor de 50 años de lucha en la tierra del café y la droga. Uribe se basa en que «hay rasgos comunes» entre Emmanuel y otros familiares, recurriendo al ADN como prueba irrefutable de su parentesco real. Sin embargo, ni su padre ni su madre se han prestado por razones obvias a la prueba genética, recurriendo la Fiscalía colombiana a la abuela materna del niño. Hay razonamientos lógicos en este caso. Personalmente nos preguntamos: ¿si Uribe sabía de la existencia del niño en un instituto de minoridad en la capital, porqué no lo dijo antes? También nos preguntamos: ¿pueden las FARC exponer a su amigo Chávez a tamaño papelón, además de a Kirchner, la Cruz Roja Internacional, enviados del presidente de Francia y Ecuador y también de Brasil? Aparentemente no tiene sentido ni se piensa que en la guerrilla haya gente capaz de «regalarse» de ese modo ante la opinión pública mundial.

La más drástica en su afirmación en torno al asunto ha sido la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini: «¡Es un invento de porquería del hipócrita y falso de Uribe!» ¡No se guardó nada la valiente luchadora social antidictadura de Argentina! Pero al margen del tema científico, aquí hay de por medio una guerra feroz entre el presidente de un país y una guerrilla alzada en armas contra el poder. Los dos bandos pueden decir la verdad. Pero ambos también, en busca de su triunfo ante la opinión pública, pueden estar mintiendo.

Hay algo que nadie analiza. Preguntamos: ¿quién puede confiar en el estudio de ADN, que el mismo fue hecho con todas las garantías, desde el momento que no se permite la injerencia de especialistas ajenos al país? A mí me pueden presentar un estudio genético donde hay coincidencias entre un niño y su abuela materna, pero qué seguridad tengo de que el mismo no fue fraguado? Hay más aún: ¿por qué razón Uribe, para desligarse de las suspicacias, no hace un estudio de ADN con sus genetistas de confianza pero deja que tanto la presunta abuela como el presunto niño, sean estudiados por técnicos ajenos al gobierno de Colombia? Técnicos que, obviamente, merezcan toda la confianza de las Facultades de Medicina de sus respectivos países, las que señalen toda la solvencia, capacidad y seriedad que requiere la situación? Se comenta que Uribe, ni loco permitiría eso. Por lo tanto, se presume que en todo esto puede haber «gato encerrado».

En esto de los ADN para reconocimiento de paternidad, muchas veces se ha trampeado incluso a la propia Justicia. Ello es posible por parte de gente inescrupulosa que pueda presentarse a la maniobra. Sin mencionar nombre alguno, relato un caso vivido hace años por una querida amiga cuya hija tiene hoy 21 años y cuyo verdadero padre, un integrante de la Fuerza Aérea, en la negativa de reconocer a aquella criatura, demandado ante la Justicia por su madre, llevó a un compañero a la extracción de sangre, intentando que pasara por él lo que desvirtuaría toda posible paternidad. Descubierto a tiempo, en plena dictadura, los mandos actuaron honrosamente y lo sometieron a la prueba genética, la que dio la evidencia de que, efectivamente, él era el padre de la niña. Tras ser pasado a reforma, quedó fuera del Ejército y al morir hace un par de años, aquella niña pasó a cobrar la pensión correspondiente.

Volvemos a lo del título: ¿Quién miente: Uribe o las FARC? En las condiciones en que se mueve hoy día la realidad política del hermano país, cualquier conclusión es viable. Y queda aún una reflexión, sabiamente meditada y expuesta por la periodista argentina Hinde Pomeraniec, de «Clarín» de Buenos Aires: «Si el niño Juan David residente en el Instituto de Minoridad de Bogotá es realmente Emmanuelle, todos los mimos serán para él. Si todo termina en una frase montada por Uribe y sus genetistas, Juan David seguirá siendo un pobre niño olvidado en un orfanato, donde otros muchos tienen un destino tan incierto como aterrador». Así está Colombia hoy por hoy. Por un lado, con un presidente por Bush, lo que de por sí lo pinta de cuerpo entero. Por el otro, con una guerrilla que lleva medio siglo de lucha, buscando otro destino para un país riquísimo donde, sin embargo, suman millones los que viven en condiciones de pobreza y peligro total.

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