Oposición de derecha y de izquierda
En editoriales recientes nos hemos ocupado de la virulencia que muestra la oposición conservadora en sus críticas al gobierno. Hemos comentado, también, el invalorable apoyo que reciben las clases dominantes de parte de los medios de la derecha para difundir al máximo la idea de que el gobierno gobierna mal y que las cosas están cada vez peor. Sin embargo, las ráfagas opositoras no provienen sólo de las trincheras reaccionarias, también es dable oír los disparos que parten de sectores ultras que no cesan en su prédica antifrentista afirmando que el actual es un gobierno continuista. Veamos.
Entre las innumerables consignas pintadas en diversos muros de Montevideo, consignas que llaman a apoyar al gobierno o que lo denuestan con frenesí, aparecen algunas que llaman la atención. No nos referimos al humor (sorprendente en grupos de derecha) de la Brigada Palo y Palo orientada por el diputado García Pintos, ni a las surgidas del ingenio del diputado blanco Jorge Gandini con su lista 250; está en la lógica de los hechos que tales grupos, sectores o agrupaciones de cualquiera de los partidos tradicionales, critiquen al gobierno de izquierda con razón o sin ella. Es el papel que deben cumplir los partidos del llano.
Pero lo que llama la atención son algunos enunciados que aparecen en muros montevideanos, que trastocan y manipulan un eslogan pro-gobierno: el que expresa que el Frente Amplio escucha al pueblo, y que intenta transmitir la idea de que el gobierno está abierto a las sugerencias de la gente y actúa en consecuencia. Pues bien, en cada espacio disponible, pueden leerse textos como «el FA escucha al FMI», «el gobierno escucha a Bush», «el gobierno escucha a las transnacionales».
Ninguna de estas consignas, ni uno solo de estos eslóganes resiste un mínimo análisis lógico racional. A poco que se vea la obra del gobierno progresista, las medidas dispuestas, las leyes aprobadas, las acciones emprendidas, las decisiones tomadas, la falsedad de dichos enunciados estampados en las paredes queda claramente en evidencia palpable.
Entonces, cabe preguntarse por la razón de una campaña de tales características. Porque en definitiva, que la derecha salga a tergiversar la realidad, a torcerla para desprestigiar al gobierno de izquierda, no es algo novedoso y está dentro de la lógica de la lucha política; aunque las consignas conservadoras sean falsas, aunque el discurso de la derecha no se corresponda con la realidad, se comprende fácilmente la necesidad de las clases conservadoras de denostar al gobierno para ganar espacios y disputarle el gobierno en la próxima elección.
Pero que grupos autoproclamados de izquierda radical hayan declarado la guerra al gobierno popular, es algo que no se entiende. No pretendemos, huelga aclararlo, que todos aplaudan todas las medidas del gobierno del Frente Amplio; no pretendemos unanimidades ni consensos impuestos pues entendemos que el disenso está en la médula de todo sistema democrático; pero hay formas y formas de expresarlo.
Que este gobierno no es revolucionario no es un secreto para nadie. Que seguimos inmersos en un sistema capitalista, tampoco lo es. Pero ¡qué diferencia con los gobiernos ejercidos por los partidos tradicionales! Por primera vez en la historia tenemos un gobierno que ha priorizado la atención a los más necesitados, que ha vuelto a instalar la negociación colectiva, que ha mejorado los salarios, que ha bajado la desocupación, que trata de implantar mayor justicia social.
¿Qué pretenden, entonces, esos pequeños grupos ultras con su prédica que sólo sirve a los peores intereses de la derecha?
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