La furia opositora de El País

Cuando han transcurrido apenas cinco días de 2008, da la impresión de que será este un año marcado por un recrudecimiento de los ataques de la derecha al gobierno popular.

El matutino El País, vocero privilegiado de las clases conservadoras, arremete con virulencia contra todo lo que el gobierno va logrando, al tiempo que no escatima esfuerzos en presentar los hechos de manera tal que quede en el lector la impresión de que todo marcha mal. Tampoco se preocupa por disimular su tendencia, ya francamente grosera, a tergiversar la realidad, disfrazarla, minimizar los éxitos gubernamentales y amplificar los errores o los fracasos.

El ejemplar de ayer del matutino de la Plaza de Cagancha es una muestra elocuente de esto que afirmamos. En su portada, el diario que apoyó la dictadura cívico-militar, titula en grandes caracteres, «Reforma de la salud: ola de inscripciones y quejas». Nadie podría objetar la información pues nada falso hay en ello. No obstante, igualar en importancia la afluencia masiva de personas para beneficiarse del nuevo sistema con algunas dificultades que se presentaron (caída del sistema informático del BPS) es una forma sutil de opacar la respuesta exitosa del sistema de salud.

Es, ni más ni menos, ver el vaso medio vacío. En una bajada habla de «malestar por las demoras», algo perfectamente posible dada la inusual afluencia de público en las mutualistas. Ahora bien, al lector desprevenido puede quedarle, de toda la información sobre el asunto, la idea de que hubo quejas por las dificultades y demoras y no la idea de que la reforma sanitaria ya está en funcionamiento, y que ha sido bien acogida por la población.

No se trata de cantar loas al gobierno, se trata de no privilegiar lo negativo, de no maximizarlo, cuando ese aspecto negativo no fue el resultado notorio de la puesta en marcha del nuevo sistema de salud.

Por supuesto que si leemos la página editorial, nos encontraremos con diatribas furibundas contra el gobierno y el Frente Amplio y con reflexiones y conclusiones reñidas con la lógica. Por ejemplo, no tiene empacho en proclamar que las políticas sociales implementadas por el gobierno actual no son sino «planes puramente asistencialistas», olvidando deliberadamente el Plan de Equidad y todas las acciones desplegadas por el Mides en el sentido de fomentar la capacitación de los trabajadores desempleados y su reinserción laboral. Y también, ya que estamos, aprovecha para advertirnos sobre los peligros que se ciernen sobre nuestra economía (enfriamiento de la economía estadounidense, amenaza de inflación, dólar muy barato, caída de la competitividad y toda una larga sarta de catástrofes).

Y al final de esa pieza magistral de análisis político-económico, nos espeta: «No, Sr. Presidente, decir que ‘estamos bien’ es como vivir en otra galaxia. Vamos por mal camino, lo sabemos todos. La duda es solamente para cuándo la explosión…».

En fin, ¿qué podemos esperar de un diario que se jugó al triunfo del Sí en el plebiscito de noviembre de 1980?

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