Escrito por: Por Carlos Scorovich - Militante del Frente Amplio
Dentro de las políticas de incentivo laboral y de recuperación de industrias clásicas, que en su momento fueron emblemáticas en nuestro país, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en conjunto con los obreros (300), y con el aporte de capitales privados se logró, hace pocos días, mantener, en sus mismas instalaciones, una fábrica de la industria química muy importante: BAO.
Aquí me detengo un momento y me retrotraigo al año 1955 cuando por circunstancias de la vida, fuimos a vivir, toda la familia, a La Teja. Muy cerca de esta planta industrial, y de otras, que como decía en una nota anterior, era una zona en expansión, con industrias varias: frigorífica, textil, metalúrgica, vidrio, Ancap, etcétera.
Entonces, cómo no sentirme feliz y satisfecho por esta reapertura y recuperación de una planta industrial que fue ejemplo, además legendaria (145 años de vida), y que dio, en su momento, tantos puestos de trabajo a quienes fueron y son mis amigos de la infancia. Los adolescentes de la época, en el barrio, la aspiración máxima era poder ingresar al BAO. Y en lo que me es particular, fue un sueño no cumplido, ya que estaba pendiente de poder hacerlo. Aunque la vida me llevó por otro camino muy diferente, lo cual no me arrepiento de haberlo hecho, por el contrario.
Muy cerca del BAO, a una cuadra, estaba en ese momento la fábrica de vidrio plano (Viplan), luego se transformó en Codarvi, cooperativa emblemática. Y en esa misma manzana, Laureles y Carlos Tellier, se encuentra desde esa época un local que es un jalón muy importante e histórico del pueblo uruguayo: la Federación del Vidrio. Allí se gestó, con dirigentes extraordinarios y valientes de la CNT, la Huelga General, con ocupación de los lugares de trabajo, en 1973 para enfrentar a la diabólica idea de unos pocos de hacer de nuestro país su feudo. Ese local, en homenaje a un amigo y compañero de la industria del vidrio, asesinado en la Seccional 20ª del Partido Comunista lleva su nombre: ‘ATILIO GANCIO’. Allí, de niño, nació mi admiración por el Carnaval, pues ensayaba la murga ‘Los Diablos Verdes’, y sus letras, que aún perduran en mi mente, mantienen viva la admiración y el cariño por un barrio que me enseñó a ‘caminar’ en la vida, en todos los aspectos, incluido el de los afectos más entrañables (mi compañera.)
Saliendo un poco de lo afectivo, aunque me es imposible eludirlo, el hecho en sí de la recuperación de esta industria química, que es muy próspera, y que tiene al Uruguay en un lugar privilegiado en lo que se refiere a la exportación, la alegría es enorme. Y 300 trabajadores junto a sus familias, y los vecinos de mi barrio tienen motivo para alzar las copas en estas fechas y ver el futuro con esperanza. A La Teja, salud.
OTRAS NOTICIAS EN LARED21