Endeudándose alegremente

Las fiestas se festejan, pues para eso son. Es natural que en ellas, en el ejercicio de la feliz tarea de festejar, se gaste más en regalos, cenas y paseos. Consumo estricto al que se sucumbe en medio de intensísimas campañas publicitarias, hasta hacernos caer en peligrosos consumismos.

Para pagar esos gastos extraordinarios de fin de año ha sido la conquista del aguinaldo obligatorio, que en tiempos de mis padres, era una suma que el empleador pagaba o no según quisiera y como premio al trabajador por su aptitud y dedicación al llegar el fin del año.

Cuando el aguinaldo pasó a ser un décimo tercer sueldo, que luego se fraccionó en dos partes semestrales, este devino en un salario más. Se ganó a partir de entonces en seguridad y en disponibilidad con certeza de percibir esas sumas. Nacería así el gasto extra de fin de año y las conocidas cuotas aguinaldo con la que se pagan las compras que se hacen a lo largo del año.

En estos días finales del 2007, aparecieron los préstamos especiales para los pasivos que concedió el Banco República, el banco de fomento de todos los uruguayos.

En sí misma esa línea de préstamos, significó que por lo menos cien mil créditos a pasivos fueran concedidos en pocos días. Se trata de préstamos por un equivalente promedio de dos meses de pasividad de un jubilado.

Claro está que los pasivos no cobran aguinaldo, lo que significa que para estas fiestas muchos pasivos comprometieron dos meses por lo menos de su pasividad anual, para gastarlos ahora en consumo neto durante las fiestas de fin de año.

Seguramente habrá quienes con ese dinero repararon su casa o compraro0n algo necesario, pero todo indica que la enorme mayoría de los jubilados que pidieron estos préstamos, simplemente pidieron prestado para consumirlo en regalos, cenas y festejos, en ocasión de Navidad y fin de año.

No se me entienda mal. Qué mejor que quienes trabajaron toda su vida, hoy que las circunstancias lo permiten, tengan oportunidad de contar con algo de dinero extra para gastar. Lo malo está en que se les presta, en lugar de pagarles un aguinaldo hoy que se puede, como ayer sucedía porque se podía, y como hace tanto que no se les da como sucedió el los últimos años porque lamentablemente no había capacidad de darlo.

Me parece muy bueno que hoy, en un tiempo de bonanza como nunca antes en los últimos cien años ha tenido el Uruguay y la región, se facilitara el dinero. Con esa disponibilidad en enormes cantidades, que termina en manos del Estado a consecuencia de muchas causas y principalmente por la aplicación de una feroz reforma tributaria con impuestos también a esas mismas pasividades, existen hoy recursos para prestar, pero el problema es que luego cada pasivo lo tendrá que devolver.

El tema que nos desvela una vez más es el sobreendeudamiento individual de la gente. Porque los pasivos no tienen aguinaldo, y más allá del aumento que a ellos les corresponde constitucionalmente y por el que deberá percibir próximamente un 13 por ciento de incremento, lo cierto es que muchos de ellos han quedado severamente sobreendeudados, y muchas veces con tarjetas de crédito al rojo vivo, situación esta que por supuesto no es exclusiva de los jubilados.

Es la estimulación al consumo por el consumo mismo desde el Estado. Nos parece por lo menos preocupante se fomente con endeudamiento personal, el gasto por el gasto mismo. Para eso debió pagarse el merecido aguinaldo, lo que sin duda sería más justo y menos peligroso.

Se trata de tener presente que debiéramos ser todos muy prudentes en el endeudamiento para consumir con consumismo, para no caer luego, en el sobreendeudamiento con las consiguientes preocupaciones que luego conlleva, incluido el aumento de la angustia y de presión arterial.

Un jubilado no tiene oportunidad de otro ingreso extra que excepcionalmente ya no tenga -si lo tiene- por lo tanto su capacidad de repago es rígida, y sólo se flexibiliza con la generosidad estatal, si es que el año preelectoral inspira en el gobierno a quienes puedan ponerla en práctica.

Todo sin duda está lleno de buenas intenciones, que como siempre he dicho, presumo por formación, pero mis abuelos me enseñaron hace mucho tiempo, que también el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Lo importante es desearnos lo mejor y hacer cada uno lo que esté a su alcance para lograrlo juntos. Un muy feliz 2008 y nuestro reconocimiento a ustedes, queridos lectores, y a estas páginas que recogen nuestro sentir.

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